Anda el PP canario instalado en la intuición de que el Gobierno de Zapatero no llegará a las Navidades. Dicen que el PSOE perderá las elecciones europeas y el presidente –sacudido por las malas noticias de esta crisis que no acaba nunca- se verá forzado a convocar elecciones anticipadas que el PP ganará con certeza y facilidad. Coincido con la profecía popular en lo de que el PSOE tiene color ojo de hormiga lo de ganar las elecciones europeas, y también en que la crisis económica se le va a enredar al ejecutivo como la hiedra a las paredes del convento. Pero el resto de la narración –el adelanto electoral- se me antoja un futurible improbable que responde más a los deseos del PP que a la lógica.


En los próximos dos o tres años, la agenda política del país va a moverse casi exclusivamente alrededor de la crisis económica y los mecanismos para afrontarla y eventualmente salir de ella. Las hipótesis más realistas apuntan que la recuperación podría comenzar –lentamente- en el segundo semestre de 2010. ¿Tiene algún sentido que el PSOE convoque elecciones en el peor momento para entregar la recuperación económica al PP? No, no tiene ningún sentido. Es pura política ficción.

Pero al margen de la voluntad de continuidad de los socialistas, lo que sí ocurre es que el Gobierno Zapatero afronta lo que queda de legislatura –las tres cuartas partes- con gran debilidad parlamentaria, y sin más apoyos probables que el del exótico mercadeo de Ana Oramas y el palmero Perestelo. El Gobierno puede atrincherarse con los recursos necesarios para resistir –sobre todo si se reduce el ritmo de presentación de nuevas leyes- pero la resistencia debe plantearse como una estrategia de reducción de daños durante los próximos tres años. Si las cosas vienen mal, la trinchera pueden ser el espacio de una inacabable agonía.

Que ocurra de una forma o de otra no depende sólo de la capacidad de maniobra de los socialistas en San Jerónimo. Tendrá que ver también con el resultado final de las elecciones europeas –no es lo mismo una derrota ajustada que una debacle socialista-, de cómo se desarrollen los acontecimientos en el País Vasco –si el experimento del Gobierno en minoría de Patxi López funciona o sucumbe en el regate y el corto plazo-, de lo que ocurra en Cataluña –devolverle la Generalitat a CiU podría resolverle la legislatura a Zapatero- y sobre todo de factores extrapolíticos, como la intensidad y duración de la destrucción de empleo, la capacidad presupuestaria para mantener los Servicios Sociales y la ausencia de desórdenes graves o revueltas.

La profecía turronera del PP canario no se sostiene. No se cumplirá este año. Pero nadie está hoy en condiciones de asegurar que el Gobierno llegara a las siguientes Navidades, menos aún a las últimas del mandato. Vivimos tiempos muy difíciles y el futuro se presenta confuso, impredecible y volátil.