Martes 18 de junio. Así estaba el patio: ICAN había vuelto a reunirse con el PSOE, tras cambiar levemente su comisión negociadora. Se habían encontrado nuevamente en el Hotel Sansofé de Las Palmas, el PSOE había puesto por escrito en el tapete la Vicepresidencia, la Consejería de la Presidencia (sin el departamento de Justicia), la de Turismo y Transportes, la de Sanidad y Trabajo para los herreños y la de Obras Públicas para los majoreros. Mejor oferta imposible. ICAN dijo que sí, por supuesto, pendiente nada más que de confirmación por el Consejo Político que habría de celebrarse el viernes. Asamblea Majorera, según garantizó Mauricio a los medios de comunicación, sería respetuosa con la decisión mayoritaria de ICAN.


Mauricio explicó también que el acuerdo con AIC y el CDS era inviable, y calificó el asunto de «pacto encubierto del centroderecha», al que no podía apoyarse desde opciones de izquierda. Lamentó profundamente que los negociadores de AIC no hubieran querido negociar «en serio». Y debió sentirse feliz, porque el centroizquierda, tras la actitud demostrada esa misma mañana por Herrera, Barragán y Cabrera, era ya posible. Con esos datos en la mano, Juan Alberto Martín declaró por tercera vez desde las elecciones que el Pacto de centroizquierda era ya un hecho.

Saavedra, sin embargo, no dijo nada. Esta vez dejó hacer a Juan Alberto con la prensa mientras el rumiaba en silencio y hacía sus propias cuentas. Porque una cosa era obstaculizar el matrimonio oficial con la izquierda, y otra muy distinta creer en la monogamia, cuando se tiene la sensación de que alguien puede ponerte los cuernos al primer descuido. Tras el envite del CDS, Saavedra había llegado a la conclusión de que filtrear con otras posibilidades no sólo no era éticamente desdeñable, sino incluso muy conveniente y necesario.

Unos días antes, el mismo día de la gamberrada de Fernández a Ucelay, cuando le grabó una conversación telefónica y se dedicó a hacerla escuchar a los periodistas, Saavedra y el presidente de la Cámara de Comercio de Tenerife habían conectado por teléfono. Ucelay le había comentado que en las AIC estaban «un poco hartos» de tanto pasteleo negociador y de tanta pirueta, y se había lamentado, como quien reflexiona en voz alta, de que fuera tan difícil llegar a aquel acuerdo lógico entre el PSOE y las AIC que meses antes de las elecciones, cuando el procesamiento de Hermoso ni tan siquiera se vislumbraba en el horizonte, todos -y el primero el propio Saavedra- daban por hecho inmediatamente después de las elecciones. Ucelay, que no hablaba exclusivamente por boca propia, se dejó caer con la conveniencia de no cerrar definitivamente las puertas y tantear las posibilidades de un acuerdo.

Esa oferta era precisamente la que Saavedra esperaba: quedó con Ucelay en enviarle a Juan Alberto Martín para que se entrevistara con algún representante de las AIC y se discutiera inicialmente sobre programas. El enviado de las AIC sería José Miguel González, consejero de Hacienda y uno de los discretos protagonistas de las negociaciones. En las AIC, la decisión de iniciar contactos con el PSOE se había tomado en un reservadísima reunión, en la que participaron únicamente cuatro o cinco de los dirigentes de la coalición independiente: lo sabían Hermoso, José Emilio García Gómez, Adán Martín, Paredes y el propio Ucelay. Luego, cuando se habló con Saavedra, el asunto se corrió un poco más, pero se mantuvo en secreto en un círculo muy restringido.

El encuentro programático entre Juan Alberto Martín y José Miguel González demostró que no existían grandes diferencias entre ambas fuerzas políticas, y que el único asunto difícil de resolver era la reforma del Estatuto de Autonomía, con la que el PSOE no estaba de acuerdo. Tras esa reunión, celebrada en los primeros días de la semana del 17 al 23, tenía que celebrarse otra, también con el máximo sigilo, a la que debía acudir el propio Saavedra a su regreso de un viaje a Madrid para participar en la Ejecutiva Federal que se ocupó del caso Filesa.

Sin embargo, Saavedra cometió una indiscreción. Cediendo a las presiones de algunos de sus compañeros, aceptó filtrar a la prensa de Tenerife la existencia de conversaciones con las AIC. Algunos en el PSOE no eran partidarios de entrar en el juego de rumores y contra rumores que se había abierto en los últimos días, pero Juan Alberto Martín fue muy insistente. Creía que la filtración de encuentros entre el PSOE y las AIC rompería la unidad de acción de las AIC y el CDS. José Juan Rodríguez, al que se encargó de propagar los rumores en este sentido, se negó a hacerlo.
Fue entonces cuando el propio Saavedra llamó al director de un medio de comunicación de Tenerife para advertirle de los contactos «de momento no oficiales, meramente privados», dijo, que había mantenido con Ucelay. A crear nuevos rumores se prestaron Juan Alberto Martín y Juan Carlos Alemán que llegaron a referirse a una entrevista privada de Saavedra y Ucelay en el domicilio de Saavedra en Vegueta. Al enterarse de los rumores, Ucelay montó en cólera y desmintió rotundamente incluso la conversación con Saavedra: en ATI habían acordado negarla hasta la misma evidencia. La indiscreción frustró un encuentro que efectivamente tendría que haberse producido en Las Palmas y que no llegó a materializarse.

Si se materializó, sin embargo, el tercer encuentro oficial de los negociadores del centroderecha: fue en el hotel Reina Isabel, y esta vez participaron Olarte y Manuel Hermoso, además de la plana mayor del CDS y los tres negociadores populares. Fue el miércoles 18, y en la reunión se dejó listo para la firma el documento del Pacto de centroderecha y sus anexos supersecretos. Antes de reunirse con Fernández, Bravo y Macías, Olarte y Hermoso mantuvieron una reunión cerrada para ponerse de acuerdo en la estrategia a seguir delante de Fernando Fernández.

La mañana siguiente, los periódicos iban a montar un buen cirio: La Provincia publicaba el acuerdo secreto firmado por las AIC y por el CDS, en el que se aseguraba la confluencia de ambos grupos en un proyecto nacionalista. Era el documento que Oswaldo Brito había exigido para sentarse a negociar con ambas fuerzas políticas, y que había sido leído unos días antes por un dirigente de ICAN a un cualificado miembro de la ejecutiva regional del PSOE. Junto a la publicación del documento, el desmentido oficial de uno de sus firmantes: Julio Bonis. El no había firmado ese papel en el que se diseñaba el desmontaje del CDS y su conversión en un partido nacionalista federado en las AIC. La firma que aparecía al pie del mismo, junto a la bien legible de Paco Ucelay, no era la suya. Bonis decía la verdad y mentía al mismo tiempo: no era su firma aquél garabato bajo su nombre, no lo era. Pero aquel garabato lo había hecho él. Vaya si lo había hecho.

El Diario de Avisos abría también a seis columnas, destapando el secreto acuerdo de La Laguna para retirar a Segura de la alcaldía, tres meses más tarde. Uno de los protagonistas del acuerdo, Oswaldo Brito, negó también radicalmente la existencia de cualquier compromiso en ese sentido. Un compromiso refrendado por los negociadores de ICAN con su visto bueno, y que Pedro González guardaba desde el sábado en su caja fuerte. Un documento que el pintor lagunero no había enseñado siquiera a Ambrosio Jiménez, el empresario que financió la creación de la Plataforma Municipal Independiente para asegurar la continuidad de Elfidio Alonso, y que el día de la elección de Segura llamó casi llorando a Elfidio para asegurarle que Pedro González le había traicionado: «No entiendo porque ha hecho esto, no lo entiendo, de verdad», le dijo.

También Canarias 7 anunciaba algo a toda plana. Aseguraba que los majoreros habían asistido a la reunión del centroderecha la noche anterior en el Reina Isabel. No era verdad, pero tampoco era necesario que asistieran para estar plenamente al corriente de lo tratado en ella.

Esa misma mañana, después de leer todas esas noticias en la prensa, Fernando Fernández hizo unas declaraciones para el Telecanarias, en las que aseguró que el centroderecha contaba con el apoyo majorero. Luego habló con un periodista al que confesó que estaba «dispuesto a castigar al PSOE». Por último, Fernández se vio con Adán Martín y juntos terminaron de dar el visto bueno al documento que habían terminado de elaborar la noche antes. Fernández partió entonces para Madrid, acompañado por Macías y por Bravo, para discutir el borrador de acuerdo con sus jefes.

Martín Paredes salió en otro avión para seguir sus pasos y controlar los movimientos de Fernández en Génova 13. Paredes se hospedó en el Meliá Castilla y dedicó toda la tarde del miércoles a intentar averiguar donde se habían escondido los populares, sin éxito. Hizo decenas de llamadas a los hoteles de Madrid, sin detectar su presencia en ninguno de ellos. Desde Tenerife recibió el recado de que Fernández no había ido a Madrid, que luego se demostró ser falso. Cuando los nervios comenzaban a flaquearle, le llamaron desde Génova para darle la primera confirmación de que Fernández y los suyos se habían entrevistado con Aznar y el pacto había sido refrendado por la dirección nacional del PP.

Un poco antes, Herrera llamó a Lorenzo Olarte para explicarle que en Asamblea Majorera la posición favorable al centroderecha avanzaba a su ritmo, pero que iba a necesitar tiempo. Le pidió también que intentaran silenciar a Fernández porque declaraciones como las que había realizado en la tele «nos complican las cosas con las bases». Después Herrera llamó a Tomás Padrón para ofrecerle también su garantía de que la reunión de la Coordinadora Insular de AM, que se tenía que celebrar esa noche en Gran Tarajal, se manifestaría claramente en contra de cualquier tipo de apoyo al PSOE.

Inmediatamente
después de hablar con Herrera, Padrón recibió una nueva llamada telefónica, ésta de Juan Alberto Martín, para pedirle que asistiera al día siguiente a una reunión conjunta con ICAN para cerrar públicamente con los treinta y un votos el pacto de centroizquierda. Padrón fue claro con él: «Mira, los de ICAN todavía no se han aclarado: yo no veo por ningún lado que tengáis los treinta votos que os he pedido. Habrá que esperar al viernes, y entonces ya veremos si tenéis treinta o sólo veintiocho». Juan Alberto se despidió malhumorado.

Como consecuencia de las llamadas de Herrera a Olarte y a Tomás Padrón, y no sin antes recibir confirmación de Paredes desde Madrid, Manuel Hermoso haría sus propias declaraciones a la prensa, afirmando que el Pacto de centroderecha era ya un hecho, y que todos los partidos implicados en el acuerdo esperaban contar con el apoyo majorero. Hermoso puso mucho cuidado en sus declaraciones para que AM no apareciera como implicada en el acuerdo, sino como invitada a participar en la gobernación de las islas: «desearíamos contar con su apoyo», fue la expresión utilizada.
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