La pelea por la Caja


1.-
La guerra desatada por el control de CajaCanarias es fruto de uno de esos extraños mecanismos que llevan a Paulino Rivero a comprometerse con todo el mundo, creyendo que así no se compromete con nadie. Es su sino. La historia comienza hace algo menos de dos años, cuando la sombra de Las Teresitas aún no había comenzado a cubrirlo todo. Rivero preparó entonces una alambicada operación para lograr el aterrizaje de Miguel Zerolo en la presidencia de CajaCanarias. Zerolo estaba cansado del Ayuntamiento, y quería una salida. La Caja era una excelente opción: Rodolfo Núñez no podía seguir y la incorporación de Zerolo a la Caja creaba un dominó que permitía colocar a José Bermúdez como candidato a la alcaldía santacrucera, y a Javier González Ortiz –sufrido hombre de confianza de Rivero- como sustituto de Bermúdez en el Cabildo, y candidato a reemplazar a Melchior cuando lo del imperativo biológico. Para la operación había un único inconveniente: Zerolo no podía ser presidente de la Caja sin salir durante dos años del Consejo, al que –lo manda el reglamento- no se puede pertenecer durante más de dos mandatos seguidos. Ocho años. Zerolo necesitaba quedarse al margen durante un par de años y había que buscar un candidato. El más adecuado resultó ser Álvaro Árvelo, director general. Se habló con él –lo hicieron Rivero y Zerolo- y se le pidió que forzara los plazos para entrar en el Consejo de la Caja antes de cumplir los 70, este próximo mes de mayo. Luego, una vez dentro del consejo, podría optar a la Presidencia y aguantar allí durante dos o tres años, para cederla a Zerolo después. Ese fue el acuerdo, inicialmente fraguado con la oposición de Rodolfo Núñez, enfrentado de siempre a Rivero, y que en los últimos años se ha distanciado mucho de Arvelo.


Cuando Anticorrupción abre el proceso de Las Teresitas, Zerolo decide mantenerse en el Ayuntamiento y en el Parlamento, contra la posición de Rivero. Esa oposición fue pública, pero la ola de solidaridad interna impidió la carambola Zerolo/Bermúdez/Ortiz que Rivero quería.Poco después, con la presidencia de la Caja teóricamente libre, Rivero se la prometió a Adán Martín dentro del ‘paquete’ de compensaciones por su retirada de la pelea por la Presidencia. A Rivero le pareció entonces una solución razonable jubilar allí a Adán Martín. Mejor Adán Martín que Rodolfo Núñez, desde luego. Y además, la Presidencia bien vale una Caja.

Así estaban las cosas, con todo el mundo de acuerdo en colocar a Adán al llegar el momento, en octubre de 2008, cuando de pronto empezaron a pasar algunas cosas. La primera de todas fue que en el núcleo duro de la Caja empezaron a preocuparse. Todos ellos: sobre todo Rodolfo Núñez, Ignacio González y Antonio Plasencia… lo de Las Teresitas empezaba a ponerse muy pero que muy feo. Parecía necesario garantizar la plaza. Pero es que además había otro factor: todo el mundo se había olvidado de Árvelo. Menos él mismo.
[03 02 08]

2.-A principios de noviembre del 2007, Rodolfo Núñez hizo unas declaraciones en Radio Club Tenerife sobre la presidencia de CajaCanarias, con intención de tranquilizar al mismo tiempo a Adán Martín y a Álvaro Arvelo. Describió el perfil de su sustituto, de tal forma que ambos –Martín y Arvelo- pudieran entender que se refería a él. En realidad, en aquellas fechas, Rodolfo Núñez ya había optado por Árvelo. No lo hizo con convicción ni con ganas, sino porque se lo pidieron Ignacio González y Antonio Plasencia, los dos empresarios que le llevaron, ocho años atrás y derrotando a Francisco Ucelay contra todo pronóstico, a la presidencia de la Caja. A ciertos niveles, en ciertos ambientes, una petición de Plasencia es tan inapelable como una orden militar. El éxito económico de Rodolfo Núñez es fruto de los avales de Plasencia. Sin Plasencia, Núñez no sería uno de los dos hombres fuertes de la compañía aérea Binter, ni habría sido presidente de CajaCanarias, ni habría dispuesto de la liquidez suficiente para sus múltiples negocios en el puerto de Santa Cruz. Núñez no se lo pensó dos veces y aceptó la petición de Plasencia de apoyar la elección de Arvelo, aunque se hizo el estrecho durante unos días. Fue su pequeño plus de venganza. Pero cumplió con Árvelo. Éste había logrado el apoyo de Plasencia tras una monumental rabieta: el hombre que más años se ha currado la Presidencia de la Caja tinerfeña se sentía herido y traicionado por todos. “Un compromiso es un compromiso y los que se suscriben conmigo hay que cumplirlos”, dicen que dijo. Lo cierto es que se enfadó como pocas veces y amenazó con romper la baraja de lealtades y apoyos mutuos que define la muy sagrada y pesada digestión financiera de la Caja desde hace décadas. Su amenaza funcionó: caía en un momento muy especial, con las lupas de la fiscal Farnés y la magistrada Bellini hurgando bajo el tejido del crédito a Inversiones Las Teresitas SL –el chiringuito de Gonzalez y Plasencia- en busca de secretas células corruptas. Todo el mundo decidió de pronto que Árvelo se merecía como nadie el puesto. Se acordó entonces precipitar las cosas: para que Árvelo pudiera entrar en el Consejo antes de cumplir los 70, se hacía necesario adelantar el proceso electoral unos pocos meses. ¿Podía hacerse tal cosa? Bueno, quizá algún tiquis-miquis se pusiera borde por la interrupción antes de tiempo de un mandato establecido reglamentariamente en cuatro años… pero en la Caja de Tenerife, dónde todo se ha hecho siempre por sigiloso consenso, nadie pensó que esa pequeña irregularidad pudiera representar un verdadero problema. Ya convencerían a Paulino Rivero y al consejero Soria, encargado de divisar el proceso. Pero sí había que ocuparse del alcalde de Buenavista, el socialista Aurelio Abreu, presidente de la comisión de control, convertida en Comisión Electoral en el mismo momento del comienzo de renovación presidencial. Él sí podía interrumpir el proceso. Había, pues, que mandar una señal a Aurelio Abreu. ¿Cómo lo hicieron? Como siempre: con la ayuda de ‘El Día’.
[04 02 08]

3.-Muy pocos días antes del inicio del proceso de elecciones en la Caja, ‘El Día’ publicó a toda pastilla y en primera plana que la Audiencia de Cuentas investigaba presuntas irregularidades en la gestión municipal de Aurelio Abreu. Sólo fue durante un día. Suficiente. Abreu tomo nota del aviso y se quedó muy muy calladito, mientras la maquinaria de la Caja comenzaba a funcionar a todo ritmo para llevar a Álvaro Árvelo a la Presidencia, cinco meses antes de tiempo.

Quienes tenían que hacerlo cursaron también sus recados al Gobierno. A Paulino Rivero le dijeron que le dijera a Soria que no se metiera a liar el proceso. A fin de cuentas, CajaCanarias siempre ha sido un asunto interno de Tenerife. No me consta si Rivero se dio por enterado, ni si habló con Soria. Es probable que esté mirando aún para otro lado. Pensando lo bien que le vendría un buen lío que le permita colocar a un tercer hombre, uno de verdad suyo. Alguien que este dispuesto, por ejemplo, a viajar siempre a su lado.

Recapitulemos: Arvelo se enfada cuando se entera de que se han olvidado de él. Se enfada mucho. Recuerda todo lo que ha hecho por la Caja y cuanto ha aprendido en estos largos años, siempre ahí… los que mandan deciden –por supuesto- apoyar a Árvelo. Árvelo tiene que hacer trampas para colocarse en el consejo antes de los 70. Y a Adán Martín, que sigue sin secretaria y sin empleo, le cogen con el paso completamente cambiado. De pronto se da cuenta de que Paulino Rivero y Rodolfo Núñez le están tomando el pelo.

Adán Martín es un personaje muy curioso: le cuesta tomar decisiones, parece siempre estar a punto de irse y asume con mucha tranquilidad la derrota. Pero le sale la furia cuando se siente engañado. Tardó en notarlo, pero cuando se dio cuenta decidió romper con el sistema de reuniones secretas. Decidió pelear para entrar en el consejo, sabiendo que –al menos eso- lo tiene bastante fácil. Porque aún le quedan algunos dientes en la boca y algunos amigos en la isla. Entre ellos, Manuel Hermoso y Anita Oramas.

A partir de su decisión de meterse en la pelea, incluso para perderla, anda todo el mundo en Tenerife muy nervioso: están nerviosos los que mandan porque creían que Adán Martín no movería un dedo. Y está nervioso Zerolo, porque se ha visto obligado a hacer bloque con los de Las Teresitas en una larga cambiada que en Tenerife nadie entiende: “¿Pero Zerolo no era amigo de Adán?”. Está muy nervioso, el que más, Álvaro Arvelo: acostumbrado a que todo salga suavemente si los cuatro de siempre se ponen de acuerdo, la bronca que se avecina lo tiene realmente descompuesto. Sabe que van a caer sobre su mesa y la de Manolo Soria una decena de impugnaciones al proceso. Sabe que eso va a traer cola, porque hay tongo. Sabe que habrá –por primera vez en la historia- una lista alternativa para los impositores. Y sabe que algunos ejecutivos maltratados por él afilan cuchilla y se relamen.
[05 02 08]

4.-En la última reunión de la ejecutiva de Coalición Canaria, el pasado 21 de enero, Paulino Rivero se levantó varias veces para evitar tener que pronunciarse sobre la candidatura de Adán Martín. No le sirvió de mucho, porque a propuesta de Manuel Hermoso, los miembros de la ejecutiva –empujados por Manuel Hermoso- acordaron apoyar la candidatura del ex presidente del Gobierno a la presidencia de CajaCanarias. Antonio Castro intentó ejercer de palmero y no sumarse, pero Torres Stinga le hizo entrar al ruedo: se deshizo en parabienes para su anterior jefe.

Un par de días después, ‘El Día’ publicó una versión de esa reunión dictada al periodista –con reconocibles giros y todo- por el jefe de prensa de Coalición Canaria, siguiendo instrucciones de Javier González
Ortiz, tras hablar éste con Rivero: el acuerdo de apoyar a Adán Martín no es oficial, no estaba en el orden del día, y Rivero andaba entrando y saliendo de la reunión y no se ocupó del asunto. Es un mensaje para tranquilizar a Árvelo. Pero Árvelo sigue necesitando tortillas de valium: la bronca por la Presidencia se está complicando por la prolija publicación en los periódicos grancanarios y en La Opinión de Tenerife, de la parte del sumario de Las Teresitas que ya es pública. La información revelada coloca el foco de las investigaciones no ya en el entramado político, sino sobre la mesa de Consejos de la Caja y sobre los dos empresarios más importantes del ‘entourage’, Plasencia y González. Pero también sobre la propia CajaCanarias y sobre los abracadabrantes procedimientos de concesión del multimillonario crédito a Inversiones Las Teresitas, SL. Se ha interrogado a empleados de la Caja, y todos dicen que la operación venía avalada desde los despachos de la planta noble. El propio Árvelo reconoce cándidamente en el sumario que sabía que la empresa concesionaria era una pantalla de Ignacio González. Se sabe que Gónzalez estuvo presente en la votación de su crédito. Y empieza a correrse por todas partes, incluso por las enmoquetadas salas de reuniones del resto de las instituciones financieras, que algo huele a podrido en la plaza. Árvelo está tan nervioso que pierde los nervios con facilidad y se producen los errores más graves. El primero, meter en la defensa al sindicato de apandadotes. A la orden de mando, los plumíferos de ‘El Día’ desatan la guerra contra el canarión culpable de todos los males: Vegueta quiere quedarse con el dinero de los tinerfeños, fusionar las dos Cajas y reclama “derecho de pernada sobre las mujeres chicharreras” (sic). Es sólo el principio, pero a partir de ahí se desata la locura: Adán Martín es presentado a los tinerfeños como capitán del ‘submarino amarillo’. Pretende conquistar la Caja para entregársela al Sanedrín. Toda la escudería de ‘El Día’ se lanza a la batalla: Vargas en sus 625 líneas, Chavés en las ondas, los escrtibas piden a coro que corra sangre en vez de tinta. Remata la faena un Zerolo talibán reclamando guerra santa: ¡Que Tenerife despierte! ¡Se llevan nuestra arena a Las Canteras! ¡Y la Caja a Triana!
[06 02 08]

5.-Un impositor de Madrid ha presentado la primera demanda por el adelanto de las elecciones. Con copia para la Consejería de Economía y Hacienda. Se sabe que irán cayendo más. Paulino Rivero dice que quiere enderezar el gigantesco entuerto, que apoyará al candidato que logre el mayor consenso entre los agentes económicos y sociales. Pide que no se politice el proceso. En clave sauzalera, ‘no politizar’ quiere decir exactamente que la decisión la tomen cuatro y sin ruido, que no haya listas alternativas, que no puedan pronunciarse los impositores (los elegidos por sorteo siempre han votado una única lista elaborada por la propia Caja), y sobre todo que el que se mueva no sale en la foto.

Uno de los tiralevitas de Rivero asegura que todo esto responde a un plan divino, o sea paulino: acabar con los últimos resortes del poder santacrucero, que el mago detesta porque nunca fue admitido en él. Rivero lo ha preparado todo, con mano maestra y sin que le tiemble el pulso, como suele, para dinamitar cualquier resquicio del viejo régimen que representan los Hermoso, los Martín, los Rodríguez de Azero, los Zerolo y los Fuentes. Pero Rivero –o su meritorio tiralevitas- están muy mal informados. Hace años que el poder tradicional de los patanegra tinerfeños está en retroceso: ahora en Santa Cruz manda el capitalismo criollo, mandan los indianos que llegaron de Venezuela podridos de pasta y con un estilo directo y seguro para el ‘bisnes’, esos imitadores locales de Paco ‘el pocero’ que lograron plantar su tienda en la Caja, en la Cámara, en la federación de construcción, en las clínicas, los hoteles, los partidos y las playas y los invernaderos de la isla, y en las tres cuartas partes de la Obra Pública y privada.

Si Rivero tiene un plan, no es acabar con los más antiguos, que ya andan de retirada en sus labores, sino darle juego y espacio en el criollismo a su propio clan empresarial en construcción, el clan de los ‘outsiders’ como él. Gentes como Amid Achí (que nunca fue una hermanita de la caridad, pero se opuso al crédito en su día). Gentes como el palmero asilvestrado Miguel Concepción, el hombre que compró el Tete porque Paulino Rivero se lo pidió, que se quedó con la ruina de Islas Airways, que intentó cargarse el puerto de Granadilla para reventar a Plasencia y que ahora tiene nosecuantas licencias de Televisión digital que le ha dado el Gobierno para que contrate a muchos periodistas.

Si Rivero tiene un plan –si de verdad lo tiene- su plan no es acabar con los de antes, sino meter cuña con los suyos y hacer hueco al nuevo poder económico que emerge en Tenerife. No es ni mejor ni peor que el otro. No mira el dinero de una forma diferente, ni se relaciona con lo público con más cuidado, ni deja de rendir pleitesía vergonzante a la cutre estupidez del pepitismo. Los aliados de Rivero sólo parecen distintos de lo que hay ahora porque llevan mucho tiempo fuera del pastel y tienen más ganas y muchas más hambre.
[07 02 08]

Fide no estaba

Ocurrió el viernes, mientras Paulino Rivero se enfrentaba al intento fracasado de antemano de reprobar a cinco de sus consejeros. Ocurrió en La Laguna, y a propuesta de Ana Oramas, la alcaldesa-diputada que se ha convertido en la esperanza blanca del nacionalismo chicharrero… Adán Martín fue elegido consejero de CajaCanarias en representación del Ayuntamiento de La Laguna, con el voto de todos los concejales de ATI. Bueno, de todos no: faltaba la concejala Fidencia Iglesias, mujer de Álvaro Arvelo, aspirante –como Adán Martín- a la presidencia de la Caja tinerfeña. Fidencia prefirió saltarse el pleno y no ir el viernes por el Ayuntamiento que votar contra sus compañeros. Fue una decisión bien meditada, propia de alguien que tuvo un papel muy destacado en la pasada legislatura como responsable de Museos del Cabildo tinerfeño, y que por motivos aún no aclarados fue sacada de las listas al Cabildo y rescatada en el último momento por Ana Oramas para su candidatura.

En Tenerife existe una curiosa tradición de reservar las áreas de Cultura a las ‘señoras de’. En la edición de esta legislatura, tenemos dos de cierto peso: la propia señora del presidente del Gobierno, Ángela Mena, (a. ‘tú sabras’) es concejala de cultura de Santa Cruz, y la del director general de CajaCanarias, -Arvelo- es, quizá a su pesar, concejala de cultura del Ayuntamiento de La Laguna. Pero eso no viene hoy al caso. Lo que sí viene es que la decisión de Fidencia a juicio mío respetable y elegante evidencia cómo treinta años de gobierno ininterrumpido en Tenerife de lo que ahora se llama Coalición Hermoso ganó la alcaldía de Santa Cruz por UCD ya en 1977, y desde entonces su equipo no la ha abandonado nunca han provocado multitud de heridas y conflictos en lo que hoy es un grupo profundamente dividido por años de conflictos silenciosos (y no tanto) y al que sólo mantiene unido el poder local, insular y regional, desde el que han logrado manejar también el mundo empresarial, financiero y económico.

Es un conflicto que se visualiza ahora en la pelea por la presidencia de la Caja, un proceso extraño, en el que Álvaro Arvelo pactó finalmente con el paulinato, en un sorprendente acuerdo con Miguel Concepción, el empresario de cabecera de Rivero. Un pacto extraño que no le ha gustado un pelo a Rodolfo Núñez Núñez es el hombre fuerte de Binter y Concepción el propietario de Islas Airwais, su competencia ni tampoco demasiado al aliado tradicional de Arvelo, el constructor Antonio Plasencia, radicalmente enfrentado a Concepción desde hace años. Al final, Arvelo optó por conseguir el apoyo del Gobierno y evitar así la paralización del proceso electoral en CajaCanarias, pensando probablemente que ya tendrá tiempo para recomponer con los suyos. Claro que también necesita el apoyo de los partidos, y en ATI las cosas no están tan cerradas como a Arvelo le gustaría. La elección de Adán por La Laguna es sólo un síntoma de esa situación.
[31 03 08]

Segunda vuelta

1. El primer pacto

Por supuesto que hay pacto. De hecho, no sólo uno. Ha habido tres distintos, uno por año. Cada pacto ha supuesto una ruptura de los anteriores, y los tres jalonan y profundizan la herida abierta en el poder político y económico tinerfeño y han logrado dividir a la isla y a Coalición Canaria en dos grupos enfrentados hasta el exterminio mutuo.

El primer pacto se fraguó a finales del año 2006, en torno a una mesa del restaurante Los Limoneros, en Guamasa, en la carretera de La Laguna a Tacoronte. En torno a la mesa había dos que querían ser presidentes y uno que quería dejar de ser alcalde, Miguel Zerolo. Zerolo estaba convencido de que dejar la alcaldía podía evitar el estallido del asunto de Las Teresitas, y había cerrado un acuerdo con Pepe Bermúdez para que le sustituyera como candidato, con las bendiciones de casi todas las familias áticas. Fruto de ese acuerdo, Bermúdez había sido ya elegido presidente del Comité Local de Coalición Canaria en Santa Cruz y se sentía más seguro de lo que ha vuelto a sentirse desde entonces. Pero Zerolo necesitaba algo en lo qué ocuparse al dejar la alcaldía: tras casi doce años en la Casa de los Dragos, había acariciado la posibilidad de ser presentado a la presidencia de CajaCanarias, pero eso no era legalmente posible. Al finalizar su mandato como alcalde, llevaría ya 12 años en el Consejo de la Caja, y para poder volver a formar parte del Consejo, necesitaba estar fuera del órgano rector de la entidad como mínimo tres años. Zerolo cerró, pues, el primer
acuerdo para la Presidencia de la Caja, despejando primero su propia contratación: al dejar la alcaldía iría a dirigir Islas Airways, con un contrato blindado por tres años, y un más que respetable salario de 200.000 euros brutos al año. La oferta sería formalizada por Miguel Concepción, presidente de la compañía aérea, a cambio de que la Caja adquiriera directamente el 40 por ciento de la compañía aérea propiedad de Concepción, una empresa privada comprada por él empresario al grupo venezolano Santa Bárbara, que padecía –y arrastra aún- graves dificultades económicas. Concepción, principal licitador del Cabildo tinerfeño desde su empresa Traysesa, en la etapa en la que Paulino Rivero era responsable insular de la obra pública, se había hecho muy amigo de Rivero, hasta convertirse en su empresario de confianza. Tras la retirada de Rodolfo Núñez de la presidencia de la Caja, el presidente sería Alvaro Arvelo, durante como mínimo dos años, y después Miguel Zerolo. Para Arvelo era un perfecto broche a la ejecutoria profesional del director general que más tiempo ha estado al frente de la Caja tinerfeña. Aunque había que mover algunas fichas antes, sobre todo en relación con plazos y reglamentos. Paulino Rivero –que aspiraba a ser presidente del Gobierno- obtuvo aquél concreto día en Los Limoneros el compromiso de Zerolo de que le apoyaría frente a Adán Martín, rompiendo así una relación entre el alcalde de Santa Cruz y su mentor, de casi treinta años.
[04 04 08]

2. El segundo pacto

En los días iniciales de diciembre de 2006, los periódicos publican las primeras informaciones sobre la supuesta implicación de Miguel Zerolo en el caso Forum. Pocos días después, la fiscal Farnés presenta la querella de la Fiscalía Anticorrupción por Las Teresitas, imputando a Zerolo y a algunos de los principales empresarios del núcleo duro de la Caja. Paulino Rivero sabe que el alcalde ha puesto algunas pegas al contrato remitido por Miguel Concepción para hacerse cargo de Islas Airways y dejar la alcaldía, y cree llegado el momento de precipitar acontecimientos: hace unas declaraciones en las que apuesta por la retirada de Zerolo de la escena política. Las declaraciones indignan al alcalde, que las interpreta como una bajeza sufrida cuando pasa uno de sus peores momentos. En pocas horas, y después de consultar con algunos amigos y con un abogado muy próximo, que le recomienda mantener su opción a seguir en la alcaldía y en el Parlamento, Zerolo anuncia que peleará por seguir. Es más, presenta su candidatura en un acto público en el que logra congregar –de mejor o peor grado- al ‘todo ATI’. Entre los presentes, un Bermúdez que se siente completamente burlado.

La decisión de Zerolo de mantenerse como candidato a la alcaldía no supone para él una ruptura del acuerdo por la Caja. Pero los acontecimientos que vendrán después sí: el 31 de enero de 2008, Adán Martín comunica en el Parlamento que abandona la carrera por la nominación como candidato presidencial. Aunque aún no se han producido las formalidades orgánicas de rigor, ya es obvio para todo el mundo que el candidato será Paulino. Lo que no es tan obvio es que Adán Martín se había reunido dos días antes en la vivienda del presidente en Vistabella con un Rivero absolutamente cerrado a apoyar su continuidad, y decidido a ser él el candidato. En la conversación se habla del futuro de Adán Martín y sale la Presidencia de la Caja. Rivero se compromete a apostar por Martín a cambio de su retirada y de que éste se sume a los apoyos con los que Rivero ya cuenta para ser nombrado candidato a la Presidencia del Gobierno. Martín cierra ese acuerdo, el segundo que hace Rivero con la Caja como premio, convencido de que la sucesión de Rodolfo Núñez al frente de la entidad financiera será un asunto sencillo y sin grandes obstáculos. De hecho todo el mundo lo creía.
Pero unos meses después, con Rivero ya convertido en presidente, cuando éste decide comunicarle los cambios a Álvaro Arvelo, el director general se siente traicionado y monta en cólera. Amenaza a Rivero y le dice que optará a la presidencia aunque no tenga el apoyo del Gobierno. Es un encuentro desagradable y muy tenso, en el que se recuerdan compromisos, favores y acuerdos rotos. Rivero intenta tranquilizar a Arvelo y acaba por prometerle su neutralidad, aunque en ese momento ni el propio Rivero tiene claro si realmente podrá cumplir su promesa.
[05 04 08]

3. Estalla la crisis

En septiembre de 2007, tras el regreso de las vacaciones de agosto, comienza a ser ‘vox populi’ que Arvelo y Martín van a enfrentarse por la Presidencia de la Caja. El propio Martín, en su estilo habitual, fue quien destapó la liebre pidiendo a Rodolfo Núñez –aún mandamás de la entidad financiera- su apoyo para ser presidente, algo que Núñez se compromete a brindarle. Pero Núñez no mantuvo su promesa: finalmente pactó apoyar a Arvelo, a cambio de que Arvelo rompiera con Miguel Concepción. Fue un momento muy difícil para Concepción: se encontró sin financiación para el pago de varios ATR comprometidos por su compañía, Islas Airways. Núñez hizo todo lo que estuvo en su mano –dentro y fuera de la Caja- para colocar a Concepción en una situación imposible, y para lograrlo mercó incluso su vieja relación con Adán Martín. Fue el segundo de sus amigos en hacerlo, tras la decisión de Zerolo un año antes.

En ese momento –entre septiembre y octubre de 2007- los dos candidatos han dejado ya de estar en tablas: Arvelo cuenta con Rodolfo Núñez, con el entramado empresarial de la Caja y con los dos empresarios más importantes de Tenerife, Ignacio González y Antonio Palencia, núcleo duro de la Caja e imputados ambos por Las Teresitas. También cuenta –o eso cree- con los impositores, con los empleados y con la comisión de control. Y tiene el apoyo del periódico ‘El Día’ y sus satélites –empeñados en presentar a Martín como un topo de Las Palmas, dispuesto a vender CajaCanarias al sanedrín de Vegueta- y de una parte de los alcaldes de ATI y del PSOE. Por su parte, Adán Martín cuenta con mucho menos de lo que cree: de verdad, sólo tiene el apoyo de Ana Oramas. Le prometió presentarlo al Consejo por La Laguna y en su momento cumplirá esa promesa, como suele. Pero aparte Oramas, Martín no tiene mucho más que un catálogo de presunciones erradas: cree tener el apoyo de Rudi Núñez, del que ya carece. Y el de Miguel Zerolo, en ése momento absolutamente a lo suyo. Y el apoyo orgánico de Coalición, que no llegará a producirse de forma oficial. Y la presunción de ilegalidad en la convocatoria, que deben dirimir o el Gobierno o los jueces. Por eso, para Adán Martín lo más importante es contar con la promesa de Paulino Rivero de apostar por él. Porque sabe que es el Gobierno quien decidirá sobre la legalidad del proceso. Y sabe que si prosperan las impugnaciones, todos los compromisos con Arvelo se desvanecerán en el aire, porque su edad le dejará automáticamente fuera de la pelea.
Pero Arvelo también se da cuenta de ese crucial detalle, y cuando el Gobierno comienza a estudiar las impugnaciones, decide de nuevo replantearse todas las alianzas que ha suscrito, para cerrar el último y definitivo pacto que acabará por darle la Presidencia de la Caja. Es entonces cuando se produce un nuevo y fundamental encuentro con Miguel Concepción que lo cambiará todo.
[06 04 08]

4. El pacto definitivo

Miguel Concepción es un personaje especial: palmero, formado como empresario en el estilo y las mañas de la empresa constructora que licita obra pública, Concepción detesta a Antonio Plasencia, a quien –sin embargo- ha convertido en su modelo. Creció como empresario –como Plasencia antes que él- reparando carreteras de Tenerife por encargo de Paulino Rivero, coqueteó –como Plasencia- con los socialistas, trabajó como un enano –como Plasencia- para hacerse un nombre, conspiró con la competencia de Plasencia, fichó a periodistas y políticos de medio pelo –como Plasencia- y acabó por comprarse una tele local –como hizo Plasencia- una compañía aérea –como Plasencia- y finalmente un equipo de fútbol. En eso, se adelantó a Plasencia, seguramente menos interesado que él por el protagonismo social. Ahora Concepción es el ‘boss’, el gran patrón del Tenerife, al que le amarró el propio Rivero, en aquella famosa reunión del restaurante La Ermita, en El Sauzal, en la que Rivero obligó por narices a la mayoría de los empresarios tinerfeños a implicarse en la salvación de un Tete desahuciado económicamente.

Miguel Concepción no sólo odia a muerte a Plasencia, también a todo lo que huela a Plasencia, y a quien más odia es a Rodolfo Núñez, al que considera un empleado de Plasencia, el que le lleva el maletín, su testaferro en el mundo financiero y aeronáutico. Concepción está equivocado con Rodolfo Núñez, y lleva años pagando su error con centenares de miles de euros de pérdidas. Núñez le ha perseguido sañudamente por los bancos de media Europa, para reventar las operaciones de crédito que necesitaba Islas Airways para hacer frente a la renovación de su flota obsoleta. Al final, con una ayudita de Paulino Rivero, Miguel Concepción logrará que sea precisamente la Caja de Núñez y Arvelo la que financie ese crédito y asuma reflotar su compañía aérea. El último pacto entre Arvelo y Rivero, el definitivo, consistió en actualizar el primitivo acuerdo de Los Limoneros: la Caja financiará resolverá el problema de Islas Airways, y a cambio, el Gobierno neutralizará todas las impugnaciones y mantendrá vigente el proceso electoral. Ese pacto se cerró hace ahora un mes, y se publicitó al estilo chicharrero, con una monumental valla en los aledaños del estadio Heliodoro Rodríguez, en la que aparecían Concepción y Arbelo rodeados por los niños que integran la cantera del Tenerife. Todos los periódicos publicaron en primera esa fotografía, y de paso, la Caja
financió unos desfibriladores para el campo y algunos otros proyectos que hacen patria con el Club. Dicen que Rudi Núñez no se ha recuperado aún del impacto de sufrir el pago de Roma a los traidores…

Pero ahora, tocaba a Rivero explicar la situación a Adán Martín, y lo hizo a su estilo. Le pidió que aceptara un compromiso. Martín ha sido presidente:
sabe que muchas veces hay que ceder, y que no merece la pena pelear para perder. Al final se plegó y dijo que sí. Y fue entonces cuando fueron a por él.
[07 04 08]

5. La humillación

Las presiones para que Adán Martín aceptara un acuerdo comenzaron a resultar insoportables pocos días después del homenaje del que fue objeto en la Recova Vieja: fue en esos días cuando se supo que el Gobierno rechazaría las impugnaciones. Adán Martín confiaba aún en una reacción favorable del Ejecutivo, sobre todo después de un encuentro entre Manuel Hermoso –enviado por él mismo Adán- y José Manuel Soria, en el que Soria se comprometió a hacer respetar la legalidad y analizar una a una las impugnaciones. En esos días, cuando el impacto del homenaje ciudadano al ex presidente era aún fuerte -a pesar del ninguneo de que fue objeto por los medios de comunicación del Paulinato-, se le ofrecieron a Martín canonjías y promesa. La más tentadora, entrar en un Consejo pacificado –con algo de acompañamiento leal- y dirigir una instancia dependiente de la Caja, con mando en la Obra Social y el Instituto de Turismo Iberoamericano, una de las viejas querencias de Martín. A cambio, le exigieron que dejara a Arvelo reinar sus cuatro años para sustituirle luego. Martín consideró la oferta varios días. Durante ese tiempo, hubo quien puso sobre la mesa la promesa de dos millones de euros para crear una Fundación en la que Martín pudiera retirarse pensando en el futuro de Canarias y hasta se le ofreció dirigir Islas Airways, como a Zerolo. El ex presidente no tomó en serio esas ofertas, pero acabó por valorar la otra, la de entrar en un Consejo de consenso.

Trasladó a Paulino Rivero su aceptación, y cuando lo hizo, éste –satisfecho de haber logrado el acuerdo- intentó convencer a Arvelo de la necesidad de evitar una batalla por la Caja. Pero Arvelo se negó a aceptar cualquier entente.

A partir de ahí, todo en ATI es guerra y bandería: Martín consiguió su puesto en la Asamblea porque Ana Oramas cumplió la promesa que le había hecho meses atrás. Pero lo peor estaba por llegar. de manos de Zerolo. El Comité Local de Bermúdez había pedido que Santa Cruz presentara a la Caja una lista integrada por el propio Bermúdez, la hija de Cheo, y el alcalde y sus concejales. Zerolo –antes de ese día siempre renuente al conflicto- quiso demostrar que en el Ayuntamiento aún manda él y no Ángel Llanos, como juran los suyos maliciosamente. Reunió a los concejales y les dijo que tenía un pacto con Paulino desde el 2006, y que Adán Martín era un caprichoso que estaba provocando un montón de problemas pretendiendo algo a lo que no tenía derecho. Puso a Bermúdez a caer de un burro, y dijo que haría todo lo posible para evitar que llegue a ser alcalde algún día. Muchos de los concejales no salían de su asombro… y uno de ellos informó a Martín casi al momento. Debió ser realmente muy humillante.

Apenas veinticuatro horas después, Martín comentó con un empresario que él no sería ya presidente de la Caja, “pero aunque sea lo último que yo haga en política, Arvelo tampoco va a serlo”.
[08 04 08]