Dulce Xerach, cuñadísima de Adán Martín, ex responsable de Cultura del Gobierno regional y antes de lo mismo en el Cabildo tinerfeño, ha sido siempre una persona infatigable y provocadora: delante o detrás de la política cultural coalicionera, sus apuestas han sido polémicas. Sus colegas de partido menos cosmopolitas dicen aún que su elitismo cultural y su falta de prejuicios es electoralmente peligroso. Su primer escándalo –recién estrenada consejera del Cabildo, hace ya una década- fue por montar una exposición de fotografía de título sugestivo -‘El ojo también penetra’-, en la que se colgaron varias piezas del fotógrafo Robert Mapplethorpe tachadas ‘ipso facto’ de pornográficas por el marujeo ático.


Fue el arranque de un aprendizaje político-cultural basado en el aprecio por las varguandias, lo experimental y la arquitectura, que ha dejado las islas –mucho más Tenerife, dónde gestionó el doble de tiempo y además amparada en Adán-, con ambiciosas infraestructuras. Entusiasta defensora del Auditorio de Calatrava, peleona hasta lo obsesivo en la defensa de El Tanque, responsable de que el TEA –antes Oscar Domínguez- llegara a hacerse, e impulsora de la Bienal de Canarias, la campaña del 2% para cultura y ese proyecto inentendible que es el Septenio, es famosa su ausencia de sintonía con Ricardo Melchior y Álvaro Arvelo, prebostes de la política y la cultura local…

Liquidadado el Camelot adanita por Paulino, Dulce Xerach quedó como única superviviente política de la familia, instalada en un grupo parlamentario poco activo y bastante grisoso, en un momento en el que la patente mediocridad de la Cámara es más llamativa que los más osados clichés del pornógrafo Mapplethorpe.

Era lógico que con tales mimbres la relación entre Dulce y su partido acabara por crujir, y también que el crujido sonara en derroteros no concurridos por los suyos: la escritura y el espacio cibernético. Días antes de la inauguración oficial del TEA, Dulce presentó un asombroso libro sobre las vicisitudes de ese parto, que -sin ser especialmentre criminoso para nadie- contiene indicios suficientes de por dónde se han cocido los mayores desafueros, contradicciones, e incompetencias en el mundo cultural tinerfeño. En estos años. Para rematar, la diputada ha abierto hace pocas semanas un blog en lenguaje civil y mundano, absolutamente ajeno al farragoso latín de la liturgia políticas, en el que ella escribe a diario exactamente lo que le sale del moño.

Su penúltimo post asegura que la dimisión de Ana Oramas y su sustitución por Fernando Clavijo estaba prevista y pactada con la dirección desde antes de las elecciones. Y es cierto, lo sabía todo el mundo, se publicó ya entonces y se ha contado también ahora.

Pero que lo diga Dulce Xerach tiene más morbo, así que la han llamado a capítulo, por ir a su aire. Esta tarde van a leerle la cartilla y quizá le pidan que deje el blog o que sólo cuelge fotos de Paulino en traje de mago y resoluciones congresuales empapadas de rancio patriotismo. Mientras dure, yo voy a seguir atento a su blog. A lo mejor nos da alguna sorpresa.
[21 11 08]