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Ignacio González (hijo) lo tiene más crudo que un pollo sin descongelar: intenta pasar por santo, pero en su partido ya le han sustituido por Juanito ‘Primavera’ García Talavera, y en ATI le tienen en cuarentena. Sólo le acepta Olarte, pero entrar en la ensalada nacionalista de la mano del CCN sería tanto como satanizar de nuevo su figura en Coalición.

¿García Talavera? ¿Y quien es García Talavera? Pues Juan García Talavera (antaño conocido como ‘Juanito Primavera’) es el nuevo presidente del PP tinerfeño, por la gracia de Fernando Fernández. Ya saben que Guigou hizo lo posible y lo imposible por salir en la lista como ‘capo di tutti i capi’ del chicharro, pero Soria no le permitió ni ‘duplicar’ su cargo con el de secretario regional, ni mucho menos irse.

Había que buscar a toda velocidad a algún sustituto que cumpliera con las dos condiciones necesarias: apariencia de nuevo representante de la derecha y amistad con el que de verdad manda en Tenerife, o sea, él. En cuanto a lo de la apariencia, esta vez optaron por uno sin bigote, más que nada porque el catálogo de ‘clones aznarianos’ ya lo tenían suficientemente cubierto. Y en lo de la amistad con el que de verdad manda -él: Fernando Fernández- el elegido es casi tan de Fernández que podría pasar por uno de sus hijos. Con Fernández fue García Talavera consejero de Sanidad durante el tiempo suficiente para pelearse con media región y caerle antipático a la otra media, y con Olarte resultó convertirse en el consejero más breve de la historia de la autonomía. Le bautizaron ‘primavera’ en vez de ‘pepino’ (el más breve de los reyes carolingios) porque con ciertas cosas del pasado es mejor ni siquiera bromear.

Total, que si alguien quería más demostración de lo que verdaderamente ha pasado en el PP de Tenerife, ya la tiene. Y bien sembrada: Fernando Fernández ha colocado a uno de sus leales de toda la vida, porque de colocarse él mismo, iba a resultar la cosa tan demasiado evidente que los rumores sobre el reparto del territorio entre él y Soria y sobre el origen ‘palmero’ de la ‘conspiración’ contra los Ignacios se habría disparado. El tándem Soria-Fernández que intenta formarse desde la noche de los tiempos (respuesta al tándem Bravo-Nacho que nunca llegó a cuajar del todo), avanza procelosamente en dirección a las elecciones y al control absoluto de las listas y por ende del partido en Canarias. Porque resulta que el PP tiene un singular sistema de control democrático: las listas las hacen, como en todos los partidos, los comités de dirección. Pero -al contrario que en el resto de los partidos- ser cargo público te convierte instantáneamente en miembro de los comités de dirección con voz y con voto: yo me lo guiso, yo me lo como.

Ser cargo público del PP implica estar en la dirección del partido y elegir en cada proceso electoral a quienes han de ser cargo público. Tan curioso sistema de cooptación automática ha convertido al PP en el más presidencialista y autoritario de los partidos políticos españoles. En Canarias, una hora menos, comienza a despejarse con unos meses de retraso el origen partidario de la campaña de desprestigio instrumentada contra Ignacio González a cuenta del caso ‘Bango’ con la aquiescencia cuando no la complicidad de Génova. No es que Ignacio hijo haya sido precisamente el santo varón por el que ahora pretende pasar, a ver si en Coalición Canaria olvidan el cúmulo de barrabasadas protagonizadas por el joven González. En realidad, nunca fue un santo: baste recordar cómo entre él y su señor progenitor lograron enfollonar la política local: fue Ignacio González quien inició en las islas la guerra de los dossieres con aquél asunto del edificio del Banco de Santander, y cuando no logró sacar a lo del local del Santander el partido que quería, decidió vengarse de José Carlos Francisco -entonces consejero de Hacienda- filtrando cómo había comprado su casa. Fue Ignacio González (o en su nombre) quien llenó las calles de Santa Cruz de empijamados manifestantes cuando Bravo de Laguna decidió ponerle de patas en la calle, en una de las operaciones políticas más viles y estúpidas jamás cometidas en Canarias. Ante la vileza de Bravo, los Gonzáles replicaron con una vileza superior: es curioso que sólo unos meses después Bravo y él se hubieran perdonado el uno al otro. En fin… así es la política. Fue Ignacio González quien montó el lío de la televisión autonómica, y además lo hizo tirando de la información obtenida en su etapa de Consejero de la Presidencia, y por tanto responsable de la Televisión Autonómica. Y fue Ignacio González el que alimentó las expectativas de Soria, hasta que descubrió que Soria no aspiraba a ser un aliado en la batalla por suceder a Bravo, sino el mismísimo Califa en lugar del Califa. Al final, cada uno recoge lo que antes siembra, y estos meses de ostracismo público han sido una lógica consecuencia de lo sembrado.

Ese es nuestro santo varón Nacho González. Un modelo a ver de lejos. Por eso está el hombre sometido a un proceso de observación que comienza a resultarle agobiante. No le dejan entrar en Coalición por ATI, al menos hasta después de las elecciones (y luego qué falta hace… ¿eh?), y tampoco le perdonarían que entrara por el CCN de Olarte, que Olarte si se muere de ganas de reconocerle en su seno.

Lo que sucede es que entre lo que hay ahora en el PP (Fernández y sus cachorros disimulados) y lo que Ignacio representaba antes de abandonar el partido en plan rabieta de ‘primadonna’ porque -según dijo- estaba cayendo «en manos de la vieja derechona de siempre», Ignacio si parece un santo.

Más un santo dispuesto al martirologio (un santo con mala pata) que un Simon Templer bajito. Y mucho menos un Roger Moore o un Val Kilmer. Aunque de disfraces -al menos ideológicos- nuestro santo sí que sabe.
[09 01 00]