Una noticia fechada el pasado sábado en Segovia advierte que las Cajas Rurales españolas han decidido mantener su actual estructura, rechazando inicial cualquier proceso de fusión por regiones o comunidades autónomas. Las 83 Cajas Rurales que existen en el país seguirán operando de forma independiente, manteniendo sus propias organizaciones, aunque coordinadas en torno al Grupo Caja Rural, una estructura que permite a todas las cajas que operan en el sector agrario presentarse como una única entidad con capacidad para actuar en todo el territorio nacional, por más que su actuación no sea netamente bancaria.

La noticia del rechazo de las Cajas Rurales a la fusión, se solapa al silencio de las últimos meses ante posibles operaciones de fusión de las Cajas de Ahorros. Un silencio similar al que precede las tormentas. Un silencio que nos recuerda el ‘eppur si muove’, en cualquier caso.

Porque el silencio va acompañado de rumores sobre el inminente inicio de conversaciones para revitalizar el debate sobre el proceso de fusión entre la Caja General de Ahorros de Santa Cruz de Tenerife y la Caja Insular. Son rumores cada día más insistentes y extendidos. Se cita incluso un especial interés de la Consejería de Hacienda y de las autoridades del Banco de España en animar ese proceso. Se habla de modificar el reglamento de funcionamiento de la Caja Insular para permitir la elección de un presidente ejecutivo -siguiendo el modelo de CajaCanarias, dónde la gestión de la entidad se reparte entre el presidente ejecutivo, Rodolfo Núñez, y el director General, Álvaro Arvelo-. Y también se insinúa la posibilidad de que la presidencia ejecutiva de la entidad grancanaria pudiera recaer en un empresario vinculado al mundo de la publicidad, que habría considerado con gran interés tal ofrecimiento tras serle realizado por José Carlos Mauricio y José Miguel Bravo de Laguna.

¿Será cierto? ¿O estaremos ante ese tipo de comentarios que se soportan casi exclusivamente en el deseo de algunos? Los próximos meses despejarán la incógnita. Aunque algo puede ya considerarse como un hecho, y ese algo es el cambio de orientación de los actuales dirigentes de CajaCanarias en relación con un hipotético proceso de fusión. Tradicionalmente, había sido la Caja de Tenerife la que se había manifestado más reacia a considerar siquiera la posibilidad, a pesar de que la caja tinerfeña participaría en el proceso en mejores condiciones que su homóloga grancanaria. Pero en el último año, tras la incorporación de Núñez a la presidencia ejecutiva, la oposición chicharrera parece haberse convertido en un decidido interés por pasar del frío a una fusión caliente.

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