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Pues sí eran inquietantes las consecuencias del cambio climático -Canarias, científicamente probado, tampoco escapa- la conclusión a la que ha llegado la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) eleva el nivel de preocupación universal: el hambre es la primera consecuencia de esa lucha. El hambre.


En Copenhague, donde desde hace varios días viene discutiéndose sobre el particular, donde los pesos pesados, Estados Unidos y China, rivalizan sin dobleces a ver quién ahorra más en la compensación financiera por las emisiones contaminantes, en la capital danesa, decíamos, la FAO ha hecho un llamamiento que, tal como andan las cosas, debe ser muy tenido en cuenta. Ha dicho que hay que luchar contra la pobreza sin reservas y con conciencia clara. Ha dicho que o se elaboran estrategias de seguridad alimentaria o las cosas se van a poner muy feas. No hace falta decir que los países más desfavorecidos, lo más vulnerables, son quienes lo tienen peor.
He aquí un nuevo desafío para la Humanidad en pleno siglo XXI. La agricultura se ve directamente amenazada por el efecto invernadero, por la deforestación y por la desertización. La productividad está en peligro. Entonces, una vía primordial para la solución, para afrontar ese desafío con solvencia, necesita estimulos y medidas claras de protección y preservación. De inmediato hay que preguntarse si los gobiernos están dispuestos a prepararlas y ejecutarlas. O si los poderosísimos intereses van a ceder o a ser pospuestos a favor de planteamientos que impidan el crecimiento de quienes padecen hambre.
Las imágenes que circulan sobre lugares donde la contaminación y el inadecuado uso de recursos naturales, donde los ecosistemas peligran o han desaparecido, son fiel reflejo de la gravedad de un problema que ahora la FAO ha elevado a un primerísimo nivel.
La conclusión es terminante y la comunidadinternacional debe ser tan consciente como sensible. Y si algunos creían que el cambio climático era un cuento ya tienen otra razón, una poderosísima razón, para convencerse de lo contrario.