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López Aguilar se va. Toda la noticia cabe en cuatro justas palabras, que son las que se repiten desde hace dos años y medio en mentideros, capillas y redacciones. Porque no estamos ante una novedad, sino ante la confirmación de una tendencia vital: desde que se anunció que López Aguilar dejaría el Ministerio de Justicia para ser candidato a la Presidencia del Gobierno de Canarias, su historia es la de un hombre que primero no quería venir, y que una vez ya aquí –traído a la fuerza y casi por los pelos-, lo que quería era irse cuanto antes.


Dicho eso, he de decir que yo comprendo la inquerencia de López Aguilar por la política canaria: lo de aquí es de poco vuelo, rastrero, cuando no ‘calabrés’, como él mismo dice. Aunque no necesariamente más calabrés que en otros territorios y regiones en los que hay mayorías instaladas desde la noche de los tiempos. Por ejemplo, Andalucía, del lado que a él le toca, o Valencia y Madrid, por el que toca al PP. Después de más de 30 años de Democracia creer que esto es cosa de buenos y malos resulta inmaduro. Buenos y malos hay en todas partes y en todas las familias, aunque a muchos ciudadanos eso no les importe demasiado a la hora de votar, y lo hagan no en función de resultados o de trayectorias, sino de acuerdo con su ideología. López Aguilar tuvo la suerte de aterrizar en un momento en el que millares de canarios querían un cambio de Gobierno, y también tuvo la habilidad de conectar con ellos, fueran o no de su partido. Ganó López Aguilar las elecciones, y en un país menos miserable, quizás se le habría dado la opción de demostrar si sirve o no para gobernar. Descubrir que no le iban a ofrecer esa oportunidad le cambió el carácter y agravó su absoluto desprecio por la política canaria, sus personajes, sus mecanismos y sus claves.A partir de ahí, todo ha sido una permanente huída vergonzante y camuflada con el lenguaje pendenciero y victimista de un personaje poco dado a las sutilidades del mercadeo local y demasiado pagado de sí mismo. Se fue a Madrid primero, y luego a Bruselas, y cada uno de sus pasos alejándose de esta realidad canaria que detesta, lo ha adornado con un corolario de declaraciones estridentes y chillonas, que lo único que evidencian es una concepción muy personalista de su propio desempeño como político. Al final, dos años y medio después de estar yéndose todos los días negando la mayor –que se iba-, lo que deja en herencia a sus muchos electores es una maquinaria política –el PSOE canario- completamente acobardada y destruida. Acobardada por estos años de griterío y castigos, de ausencia de debate y liderazgo, y destruida por un discurso que primero ha negado el valor político de 30 años de historia del PSOE canario, y luego ha estigmatizado como traidores -¿traidores a qué?- a todo aquel que en el futuro no siga el camino marcado.

¿Pero cual es ese camino? López Aguilar criticó la inutilidad del Gobierno canario, pero apoyó los presupuestos del paulinato, porque Zapatero tuvo esa ocurrencia. Y aceptó que Madrid le regalara a este ‘Gobierno de corruptos’ la gestión de las obras del Convenio de carreteras, porque Zapatero tuvo esa necesidad. Y aplaudió con las orejas la filfa del Plan Canarias, porque Zapatero buscaba dos votos en el Congreso… El único camino identificable de López Aguilar ha sido el que le ha llevado fuera de Canarias. Y ocurre que no todos los socialistas canarios tienen la opción de irse al Congreso de los Diputados, de amagar con conseguir un ministerio o un puesto en la ejecutiva Federal al lado de Zapatero, de encabezar la lista Europea o de negociarse una buena salida en Bruselas. La mayoría de los socialistas canarios se la tienen que jugar aquí, dando cuentas a sus compañeros de partido, a sus votantes y a los ciudadanos. No pueden irse a hacer ‘buena política’ a otros pagos, sino currar en el tajo pedestre donde su esfuerzo personal y los votos les han colocado. A su posible sucesor –o sucesora- López Aguilar le deja la maldición de seguir con su política o convertirse en otro calabrés más, como si la única forma de hacer política que hubiera en esta región fuera la de ganar elecciones para no gobernar.