veinte-anos-no-son-nada.JPGa babor [10 12 89]
Primero fue una novela de Pierre Boule, el relato del calvario de un grupo de prisioneros y de la epopeya personal de un coronel británico, dispuesto a vender su alma al diablo nipón, antes que a tolerar la desidia y la molicie entre sus hombres. Luego fue la primera de las superproducciones de David Lean, días y días de infernal rodaje en las selvas de Ceylan, una inversión de 250.000 dólares de los de entonces -corría el 57- y nueve meses empleados en construir un puente que tardó sólo 30 segundos en saltar dinamitado por los aires. Después fueron 155 minutos de celuloide en Technicolor, la interpretación más recordada de sir Alec Guiness, Oscars a repartir (mejor película, director, actor, guión, fotografía y música) y millones y millones de recaudación en 32 años de proyección en salas comerciales y venta de derechos a las cadenas de TV. Ayer noche, el puente sobre Kwai resultó ser el anuncio subconsciente del inicio del final del feliz puente de diciembre. Y mucho más, como cada vez que vuelve. La representación fílmica del dilema de Nicholson, forzado a elegir entre ser fiel a su obra o ser fiel a los suyos, es la recreación del dilema moral más viejo.
Míralo, por ejemplo, de esta forma: tu eres un socialista con anos de batalla en las espaldas, y un buen da te toca optar entre los tuyos o lo tuyo. Eso les pasa a casi todos alguna vez, y a estos del PSOE canario, que tan bien se lo han montado para seguir mandando desde la oposición, les pasa continuamente. Ayer les paso a los socialistas tinerfeños con la cuestión universitaria, y hoy a los grancanarios con el ‘affaire’ comunitario. Lo que ocurre es que en el PSOE tienen coroneles con más habilidad que Nicholson para construir sus puentes. Unas veces los hacen fuertes, sólidos y seguros, para permitir el paso de todas las guarniciones, con tanques incluidos. Otras veces los puentes los trenzan con lianas, de esos que hay que transitar sin mirar nunca hacia abajo, al charco de los cocodrilos. Y ahora parece que Jerónimo ha dado a los zapadores sus instrucciones. Sin organizar el griterío del samurai Saito, con la ‘finezza’ que le es propia, ha encargado al mejor de sus reclutas que empieza a trenzar cable y prepare un puente colgante. Un puente por el que puedan pasar, en fila de uno, los 13 fusileros de Olarte.