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En la noche electoral de 2007 (comicios locales y autonómicos), Paulino Rivero, que ya se había trabajado los apoyos del PP para garantizarse la presidencia de la Comunidad Autónoma, daba igual que su partido se clasificara en tercera posición y por tanto ya saboreaba las mieles, dedicó sus primeras palabras de felicitación a Mariano Rajoy. Sí, sí, a Rajoy.


Este no era candidato ni siquiera a la alcaldía de su pueblo pero interpretaba Rivero que el Partido Popular, según los primeros escrutinios, había ganado aquellas elecciones -el posterior cómputo global era discutible- y que un gesto de enhorabuena anticipada despejaría cualquier duda sobre las preferencias o las opciones de quienes habían obtenido más votos y más escaños y fortalecería los cimientos de una alianza política posterior apta para seguir acaparando el poder político pues la aritmética parlamentaria no dejaba resquicios.
Rajoy, fundido en el abrazo para la ocasión con el amigo presidente, ha devuelto el gesto en su reciente visita a islas de la provincia oriental y brindó el titular más ‘in’: “El Gobierno de Canarias está haciendo las cosas bien”. Ni que estuviera haciendo un seguimiento a la televisión canaria.
Hasta elogió la austeridad de las previsiones presupuestarias del ejecutivo, pelillos a la mar, pues, tras la inocua discrepancia entre los respectivos grupos parlamentarios asociados por un quítame allá esa enmienda en la consignación para atención a las drogodependencias. “Las cosas de Miguel”, (un suponer) que le habrá comentado Soria o cualquier otro compañero, sin acordarse quizá de que el portavoz Cabrera Pérez-Camacho ya había hecho sonar su claxon de disconformidad popular “churrera” con la Ley de Comercio y su considerada colisión con la directiva comunitaria de liberalización de servicios y de crítica valiente con determinada conceptuación (referéndum, consultas…) de la Ley de Participación Ciurana.
Pero, es lo mismo, “el Gobierno de Canarias está haciendo las cosas bien”, dicho sea en una semana convulsa en las islas, entre la incertidumbre por la suerte de Haidar y el debate del periodismo inefable a cuenta del caso Aitana o el caso Diego, culpable inocente, por cierto. Tan bien, que con el respaldo del Partido Popular -y hasta con la sorprendente pasividad del ministerio del Interior, que no querrá polemizar, será- se dan por buenas las primeras órdenes dadas en público por el presidente Rivero al primer jefe de la policía canaria, aún pendiente su estreno visual y operativo.
A patrullar en las calles, a proteger al turista, a impedir (sic) el trapicheo de estupefacientes y hacer algo más en las derivadas del machismo criminal. Todo, con cien agentes (por ahora), a los que supuestamente se le iban a encomendar tareas de vigilancia en los accesos de edificios y sedes institucionales. Es imposible que Rajoy apruebe aquellos excesos competenciales (al menos mientras la Ley no establezca otra cosa) pero ya se sabe “el Gobierno de Canarias está haciendo las cosas bien”.
¿Estará bien no pedir disculpas y acogerse a un protocolo como clavo ardiente para exculpar cualquier responsabilidad? Pues no parece que la consejera Roldós haya estado muy feliz con esa declaración en plena vorágine de un suceso histórico en las islas como es el fallecimiento de la niña Aitana.
Y como infortunada es la penúltima ‘perla’ de la consejera Rita Martín, pensando -es un decir- en las repercusiones en mercados turísticos a propósito del inapropiado sitio (aeropuerto de Lanzarote) que escogió Aminatou Haidar para mantener su incomprensible huelga de hambre.
El Gobierno de Canarias estará haciendo las cosas bien pero el 27% de índice de desempleo no lo mejoran todos, como las desesperantes listas de espera tan bien clasificadas en el conjunto de las comunidades autónomas. Está haciendo las cosas tan bien que de la aplicación de la Ley de Autonomía Personal y Dependencia apenas se acuerdan algunos responsables municipalistas, en tanto que el fracaso educativo sigue siendo eso, una asignatura latente.
Otrosí: el propio vicepresidente del Gobierno que hace tan bien las cosas se habrá encargado de informar del éxito que ha significado su declaración sobre el absentismo funcionarial, injusta generalización con playa incluida, pero que ha servido hasta para revisar los sistemas de control de firmas y huellas digitales así como para recoger la cosecha de quienes consideran que ya era hora de que alguien pusiera las peras al cuarto a una clase privilegiada.
El espaldarazo o la bendición de Rajoy a la acción del Gobierno autónomo, ya pensando en la reedición de la alianza tras los comicios del año próximo, sólo viene a confirmar que la percepción de la realidad política está hecha a conveniencia y que unas dosis de autocomplacencia no vienen mal, tal como está el patio.
Lamentablemente, Canarias avanza en una dirección preocupante y uno quiere pensar que alguien se lo habrá dicho al jefe de la oposición. Porque no hay tantas bondades, la verdad.