cabecera_garcia_llanos.gif

 
El transporte público en Tenerife atraviesa dificultades. No gustan o no satisfacen las políticas del Cabildo Insular y por eso algunos operadores de notable peso en el sector, como son taxistas y guagüeros (el término no gusta mucho pero es el más a mano para identificar), expresan su protesta y llegan a parar.


Hay antecedentes de estas posiciones, bien es verdad que bastante alejados en el tiempo. En los años sesenta del pasado siglo, aún en pleno franquismo, la protesta llegó a los pueblos, donde hubo concentraciones y gritos que luego no pasarían a mayores. El servicio entonces era prestado por «Transportes de Tenerife», empresa vinculada a familias poderosas de la época. En la década siguiente, cuando la situación de esa empresa se hacía ya insostenible y era necesario disponer de una alternativa sólida, el paro se alargó varias semanas y algún día no hubo el más mínimo servicio. Hasta que el Cabildo asumió la negociación y se lanzó a la búsqueda de una nueva estructura empresarial para normalizar la prestación de los transportes por carretera urbanos e interurbanos.
(Hay una anécdota de aquellos tiempos, tan beneficiosos para los taxistas si bien es verdad que muchos de ellos, conocedores de las limitaciones de muchas personas, hicieron innumerables favores de cobrar imports reducidos o no cobrar incluso las ‘carreras’ para ir al hospital o a trabajar. También los autobuses de turismo resolvieron papeletas a estudiantes en exámenes y usuarios de aviones. La anécdota: nos habíamos desplazado a Valencia para transmitir un partido copero del Tenerife. En los estudios de Radio Popular de la capital del Turia, durante los preparativos de la transmisión, un redactor se interesaba por la realidad social y económica de la isla. Cuando le dijimos que llevábamos tres semanas con una huelga de transporte público que ya se estaba notando en mucha gente y que ésta apenas protestaba, respondió:
-Bueno, no tendrán mucho problema para ir de un sitio a otro. Como las distancias son tan cortas, hasta no les vendrá mal caminar…
Lo que es la ignorancia, ¿verdad?).
Ahora las circunstancias son distintas pero igual de complejas. La entrada en funcionamiento del tranvía en la capital tinerrfeña ha alterado usos y hábitos y, por lo que se ve, ha repercutido en economías domésticas y de trabajadores autónomos. Lo comentaba un taxista hace unos días:
-Esto se veía venir. Ahora, para coger una carrera de quince o veinte euros, desde el centro a Ofra o Somosierra, hay que esperar mucho. Una carrera de esas a lo mejor antes salvaba el día, por lo que ahora, se nota.
El caso es que taxistas y conductores de guaguas de TITSA han unificado su protesta y ensayan su manifestación mientras agotan sus pretensiones de reunirse con responsables institucionales, hasta la fecha parece que sin demasiado fruto. Les quieren exponer las consecuencias de reducción de líneas y de aumento de frecuencias horarias en determinados trayectos. Los que hemos sido y somos usuarios del transporte público por carretera sabemos lo que es eso.
Ojalá alcancen un acuerdo -que no será fácil, desde luego- porque el colapso puede ser de aúpa.
Y que ponga mucha atención la representación política porque éste es un asunto que trasciende y es sensible a los ánimos y a los humores del personal.
En algún caso es la primera protesta seria a la que se enfrentan determinados responsables del partido que, desde hace décadas, gestiona competencialmente las políticas del transporte público en la isla. Que se anden con cuidado, igual algo se mueve…