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Chachón era un tipo normal, alcalde de su pueblo durante muchos años. Si bien sus vecinos no lo idolatraban, no es menos cierto que el roce hace el cariño, así que todo transcurría con normalidad hasta que un grupo de conciudadanos con inquietudes, ganas de fama y fama de alborozados inconscientes decidió apuntarse a un concurso de televisión. La final fue reñida y toda la carga del resultado cayó sobre Chachón, pero los vecinos confiaban en él porque era maestro y, por ende, tenía algunas luces. Más que las que alumbraban las verbenas del pueblo. Pero Chachón, presionado por los nervios, erró la respuesta y su pueblo fue eliminado del concurso. Los alborozados inconscientes le retiraron el saludo y en algunas tascas del municipio empezaron a hacerle el vacío. En ese momento, Chachón comenzó a entrenarse para no defraudar más nunca a nadie…

Pasados los años, Chachón fue elegido alcalde general de todos los pueblos. Al jurar su cargo se acordó del desdén de los alborozados inconscientes y de las burlas de sus convecinos, algo en su cerebro hizo click, o tal vez crirrcc, o ñeic, o fiú… el caso es que al día siguiente no era el mismo. Había nacido Machomán Chachón, el hombre que pasaría a la historia por no defraudar a sus vecinos. Por muchos que fueran.
Las crónicas cuentan que durante los años siguientes Machomán Chachón causó la admiración y el estupor de sus conciudadanos y de los ciudadanos de otros países y que incluso su fama llegó hasta Islandia. Sólo en los primeros doce meses de su mandato, se le vio arar y sembrar trigo en Fuerteventura, entre los aspavientos de los lugareños, que veía deslomadas a las bestias; bailó la rama en Agaete con tal frenesí que cuatro que iban junto a él tuvieron que ser atendidos para curar lesiones varias [la leyenda, no confirmada, cuenta que a uno llegó a sacarle un ojo]; peregrinó a Candelaria desde Valle Gran Rey, haciendo a nado la travesía entre La Gomera y el sur de Tenerife; subió y bajó varias veces con la Virgen de los Reyes en El Hierro, desafiando a los bailarines del Pinar; participó en cuarenta y siete simulacros de catástrofes varias con los cuerpos de bomberos de varias islas, y hasta corrió el medio maratón de la capital tinerfeña con el number one.
No acabaron ahí sus proezas porque, unos meses después Machomán Chachón formaba parte del cuerpo de baile de la comparsa Los Alegres Bamboleos en la gala del Carnaval, realizando piruetas y contorsiones que asombraron a los asistentes al espectáculo. En verano no había romería que no se preciara que no invitara a Machomán Chachón y en el Puerto de la Cruz nada fue igual desde que el alcalde general de todos los pueblos bautizara en el muelle a medio centenar de cabras él solo.
Satisfecho con sus hazañas, Machomán Chachón se presentó al concurso de los Alcaldes Más Chachis, considerado el ‘nobel’ de las Administraciones Generales y ¡vive Dios! que la ciudadanía, de nuevo entusiasmada, creía que iba a ganar. Incluso los alborozados inconscientes le habían devuelto el saludo. Pero para sorpresa de todos, fue descalificado en la final. Un miembro del jurado descubrió que se había puesto pelo postizo en el sobaquillo.
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