a babor

Los ves paseando por el patio interior de la vieja Recova (hoy sala municipal de cultura), encantados con la variedad de canapés y la calidad de las tapitas; disfrutando mesuradamente de la barra libre, absortos en los buenos paños de sus trajes, comentando casi de forma automática que la celebración del año pasado fue un punto más espectacular, o que «qué viejo está fulano de tal…»
Son un par de cientos, los mismos que en otras ocasiones: los mismos políticos en activo y excedencia, excitados los primeros, y sorprendentemente lustrosos los últimos; los mismos diputados a Cortes y los mismos parlamentarios regionales, los mismos alcaldes, los mismos modernos que nadie ha invitado y se cuelan en todas partes y dan pisto, sólo que esta vez con algún nuevo listillo adherido al clan; los mismos empresarios de la patronal, este año más gordos y más enfadados entre ellos; los mismos concejales, los mismos militares embutidos en sus uniformes blancos, azules y color caqui. Los mismos, exactos culturos, con las mismas exactas historias de siempre: que si estoy terminando una novela, que si este verano vuelvo a Calabria, chico, Niuyor está insoportable, que si a Savater ya no hay quien lo lea desde que se pasó a Polanco… También los mismos sindicalistas de siempre, aquellos antes aguerridos y ahora apasionados con los cursos de formación; los mismos cónsules y deportistas, los mismos literatos felices de haberle colocado un libro a algún Cabildo. Y los mismos periodistas, revoloteando como palomillas de luz en torno al JB y los hidratos de carbono, cotilleando nuevos chismes sobre el locutor extorsionador y el diputado ‘prima donna’ que ha jurado echar a Hermoso de este patio (para ocuparlo él). Y los mismos presidentes de Asociaciones de Vecinos, de grupos colombófilos, federaciones de Caza y Hermandades de Donantes de Sangre: gentes muy parecidas entre ellas y muy diferentes del resto del paisanaje que participa en el rito, claramente distintos con sus humanidades a cuestas y sus problemas reales, sus vitales subvenciones pendientes de los hilos cambiantes del poder; y ellos aquí, a la sombra de esta noche, sin saber exactamente qué decir, qué hablar con los que no son como ellos y saludando cortésmente a todo el mundo, sin moverse de su esquina
Los mismos de siempre, nuevamente otro año. Multitudes de VIPs provincianos, institucionalizados en los ficheros del protocolo gubernamental, celebrando en torno a las mesas de las bebidas, con un vaso de güisqui en una mano y una barquita de hojaldre rellena de ensaladilla rusa en la otra, este quince cumpleaños de la indiferencia social.

Colchón:
Los mismos, revoloteando como palomillas de luz en torno al JB y los hidratos de carbono, con más chismes sobre el locutor extorsionador y el diputado ‘prima donna’