a babor

Siguen en Coalición Canaria sacando filo a la bayonetas para el asalto definitivo a la trinchera del PP local. La cosa es que falta todavía un año para las elecciones regionales y locales, y con tanto tiempo por delante, cabe la posibilidad de pifiarla si uno se mueve más de la cuenta. Una tarascada mal calculada, por ejemplo una crisis de Gobierno con todas las de la ley, con los consejeros del PP puestos de patitas en la calle, a lo peor porque Aznar no ha sabido o no ha querido defender como debiera la cosa europea, pues podría llegar a provocar sorpresas. Planteada esa crisis antes de tiempo, podría ser la antesala de una moción de censura seguida de ‘acuerdo de emergencia’ entre socialistas y conservadores. Por eso, porque todavía es mucho lo que falta para el domingo electoral, de momento las ballonetas nacionalistas sólo pinchan juegos de palabras: las acusaciones de Hermoso, las insinuaciones de Olarte, las justificaciones de Barragán y en este plan de combate sin muertos de verdad, pues todo lo que se tercie y haya de venir.
Lo que sorprende no es la coreografía, repetida hasta la saciedad en los dos últimas legislaturas. Lo que verdaderamente sorprende es que ante una coreografía tan evidente, Bravo de Laguna pique y siga saliendo a bailar cada vez que le invitan a golpe de improperio. Si tuviera menos miedo de pifiarla ante los vigilantes ojos de Madrid, si no sintiera un día sí y el otro también el aliento de Génova en el cogote, bien podría Bravo mandar a sus socios y detractores a hacer mucho viento, por lo menos hasta el próximo otoño. Porque si a alguien no le interesa romper ahora el Gobierno, ese alguien es precisamente el presidente Hermoso. Se trata de una verdad axiomática: con Europa muerta de risa, el paro que no para y un escandalete cada pocos días, la principal aportación de Hermoso a la política regional son estos pocos años de estabilidad con los que nos ha obsequiado. No es mucho, desde luego, pero es algo más que nada. Hermoso seguirá tensando la cuerda de las relaciones con el PP de aquí abajo, mientras piropea sin ningún tipo de rubor a Aznar para hacerle guiños al electorado conservador. Pero hasta el mes de octubre -por lo menos- aquí no se mueve en serio ni una paja.
Bravo debería tenerlo claro. Su pánico ante una indeseada ruptura convierten en patéticos algunos de sus gestos. Por ejemplo, el abracadabrante anuncio de que dispone de sondeos privados «distintos a los del CIS», sondeos que -al contrario de los oficiales- dejan al PP en muy buen lugar. Decir tal cosa resulta embarazoso, por chusco. Sobre todo cuando Bravo añade que no los va a hacer públicos «para no alardear».

Colchón:
Si tuviera menos miedo de pifiarla ante Madrid, si no sintiera el aliento de Génova en el cogote, bien podría Bravo mandar a sus socios y detractores a hacer viento