a babor

La noche del lunes, a eso de las diez, cenaba con dos amigos en un restaurante de la calle Perdomo. No había un alma. Apenas el camarero, el cocinero y el pinche, para atender a algún loco que prefiriera cenar a seguir el partido. A las diez y veinte, un griterío desde la cocina: Walter Pico había metido el segundo. Dejamos la comida enfriándose para escuchar el gol de Paquito en la radio del cocinero.
No entiendo nada de fútbol, ya les conté una vez: jamás he visto un partido, ni siquiera en la tele, y cuando me preguntan cuántos son los jugadores de cada equipo, apenas atino a decir que once, y siempre dudo si son once contando al portero o sin contarlo. Pero hay en el fútbol, sobre todo en el de las ocasiones especiales, como el partido del lunes, un no se qué de fiesta catárquica y solidaria. Supongo que para nosotros la UD merecía ganar, igual que el Oviedo merecía ganar para los suyos. Al final siempre gana uno y otro pierde, y esta vez nos ha tocado quedarnos a dos velas. Habrá otra ocasión, y espero repetir la suerte de poder vivirla en alguna cocina, mientras se enfría mi comida.
Otros se apasionan más: «Tenemos una afición de primera, un equipo en segunda y un entrenador de tercera…». Lorenzo Olarte despedía ayer a García Remón con una dureza inadecuada para quien se va después de haber hecho lo que pudo. Supongo que a Olarte le puede el disgusto por la ocasión perdida…
Otra cosa: ayer Olarte no habló sólo de esta incruenta derrota que ha dejado a la Isla con más ganas de guerra que nunca. Estaba enfadado, y a la gente enfadada se le calienta la boca con facilidad. En una improvisada rueda de prensa, a la salida de una visita al centro de obra Social de Acogida y Desarrollo. Olarte fue preguntado por una periodista de la Cope sobre el nombre de ese periodista que -según el consejero Francisco- se dedica a extorsionar a miembros del Gobierno. Olarte acusó al locutor Chaves de ser el extorsionador, desvelando el secreto a voces que el pasado miércoles sepultó como una losa el Parlamento regional. El PSOE canario, por boca de Juan Carlos Alemán, había anunciado su intención de preguntar el nombre en el pleno, pero -por los motivos que fuera- al final no se hizo así. Tampoco Francisco, que ayer mismo se despachaba a gusto contra Chaves en una emisora chicharrera, quiso revelar entonces el nombre. Lo tuvo que hacer Olarte, marcando ayer un gol que no le correspondía a él. No fue, en fin, el gol más esperado. Pero un gol siempre es un gol.

Colchón:
«Tenemos una afición de primera, un equipo en segunda y un entrenador de tercera…». Lorenzo Olarte despedía ayer a García Remón con una dureza inadecuada