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Ayer comenzó el plazo para la presentación de candidatos a las primarias socialistas, que concluye el próximo 13 de junio. Son, pues, casi tres semanas para que el PSOE encuentre los candidatos adecuados para ganar las próximas elecciones locales y regionales. Porque ese y no otro es el objetivo del proceso abierto por el último congreso del PSOE.
Algunos -dentro del PSOE- han interpretado las primarias como una forma de garantizarse puestos en las listas. Las diversas ‘familias’, sensibilidades, clanes e individuos que sestean bajo las siglas del socialismo canario, intentan usar el proceso de primarias como un mecanismo para colocarse en las candidaturas que hasta ahora se elaboraban por cooptación entre los miembros de las distintas direcciónes políticas (locales, insulares y regionales), y sin el concurso siquiera formal de las bases. El deseo de utilizar las primarias para garantizar puestos a los segundos y terceros es lo único que puede explicar el disparate de que en algunas circunscripciones se especule con enfrentar hasta a cuatro candidatos, algunos de ellos conocidos sólo en sus agrupaciones y en casas a la hora de cenar.
Después del éxito político del duelo entre Borrell y Almunia, resulta difícil escapar a una cierta sensación de ridículo público ante la mediocridad de la operación de primarias en Canarias. Ese era uno de los riesgos evidentes de un experimento tan complicado como éste, un riesgo que lleva aparejado el que personas con un cierto nivel de presencia pública, o con una trayectoria social atractiva, se nieguen a pasar por la trituradora de un enfrentamiento que no fue pensado para que los afiliados castiguen a sus direcciones, pero en el que es imposible escapar a esa consecuencia perversa.
Hay otras ‘perversiones’ en el sistema: por centrar la cuestión en su perfil más llamativo -las primarias regionales-, a estas alturas el único candidato alternativo sigue siendo Gabriel Navarro, que además ha aclarado que sólo pretende ser el señuelo (‘la liebre’, ha dicho), que logre mover la conciencia de algún ‘galgo’. Pero ni galgos ni podencos, ni dirigentes regionales que tengan lo que hay que tener para enfrentarse a un hombre -Jerónimo Saavedra-, cuyo ciclo político parece agotado. Nadie va a dar el paso. Nadie está obligado a darlo, desde luego, pero sería deseable que algunos salieran de su mutismo y -ya que las primarias son inevitables- aportaran con su participación algo de altura a este proceso.
¿Hay alguien por ahí?

Colchón:
Después del duelo Borrell/Almunia, resulta difícil escapar a una cierta sensación de ridículo público ante la mediocridad de las primarias en Canarias