a babor

No se trata sólo de las pruebas médicas, del millón largo de pacientes (¿o era impacientes?) que ya lo han usado en USA y de que la señora Busch esté muy, pero que muy contenta… Por cierto: ¿alguien le ha preguntado a su marido? Porque a lo peor él señor Busch no está tan contento… La cosa es que una pastillita romboide y azulina, que sale a miles de pesetas por pieza, y cuyo poder curativo consiste en remediar ‘disfunciones eréctiles’, está trastornando al personal. Tanto que -aún sabiéndose que ya son seis los que la han pringado con el fármaco en la barriga- su consumo sigue disparado.
No se trata de un placebo, vale. Pero como en estas cosas todo es relativo, al final siempre será más importante lo que uno cree que puede hacer gracias a la puñetera píldora, que lo que uno realmente hace gracias a ella. Ese es el verdadero ‘efecto Viagra’: creer que uno puede. Y eso es lo que le ha pasado a Pedro Medina. Que cree el hombre que por fin va a poder cobrarse la revolución pendiente que no hizo en su etapa de ‘robapendones’, cuando alternaba su profesión de policía nacional con la militancia en el MPAIAC, y le daba todavía tiempo para asaltar sacristías y llevarse el pendón de la conquista.
De convencer a Medina Calero de que la revolución pendiente es ahora posible, se han encargado desde el precandidato García Ramos al diputado Alamo, pasando por las alegres chicas del PIL, Perdomo y Déniz (por cierto, que ayer en esta misma tira le cambié el sexo a doña Emilia y me salió don Emilio. Juro que fue absolutamente inocente, debía estar pensando en otra cosa).
El problema es que las revolucionarias jornadas con la que quiere obsequiarnos Medina Calero (quizá en protesta porque el ático ayuntamiento chicharrero ya no saca el pendón de la conquista a pasear las calles), necesitan de algo más que una apuesta de fe. Para que los nacionalistas alternativos puedan censurar a Hermoso (tendría su gracia ver al censurador censurado, aunque sólo sea de mentirijillas), resulta impresincible contar antes con un voto que no tienen. Y que no van a tener: las cuentas no les salen.
Medina Calero ha anunciado estar en condiciones antes de estarlo. Tratándose de Medina Calero no debiera sorprender a nadie tamaño gatillazo. Lo que sorprende más es que García Ramos se haya dejado manchar con estos polvos. A fin de cuentas, él no necesita fé. Si el ‘efecto Viagra’ consite en creer que uno puede con lo que le echen, entonces, en la política canaria, el ‘efecto Viagra’ es él. El, el propio García Ramos.

Colchón:
El ‘efecto Viagra’ consiste en creer que uno puede. Y eso es lo que le ha pasado a Pedro Medina. Que cree que por fin va a poder cobrarse la revolución pendiente