a babor

Con todo el lío de las primarias, con la foto de Borrell y Almunia besándose en los morros para la posteridad, uno pasmado por la derrota y el otro más pasmado aún por haber ganado, se nos ha pasado nuestra propia foto local de reconciliación, protagonizada por Bravo y Nacho, Nacho y Bravo, el pasado sábado.
Contra todo pronóstico, incluso contra el pronóstico del propio Nacho González, no hubo ni un solo voto en su contra. Hasta los enemigos hicieron mutis por el foro, y Nacho vuelve a convertirse en el hombre a la derecha (postural) de Bravo, con el alpauso cómplice de todo el comité regional del PP canario. En las últimas semanas, Bravo y Nacho habían comenzado a mandar al mundo su mensaje de reencuentro. El PP tinerfeño asumió públicamente y sin ambages el liderazgo regional de Bravo, Nacho apoyó explícitamente la candidatura de Bravo a la Presidencia del Gobierno, Bravo nos sorprendió aplaudiendo la gestión del Consejero de Industria, Paco de la Barreda -presidente además del PP tinerfeño- en la crisis eléctrica; Bravo celebró la convención regional del Partido en Tenerife… señales y más señales. Previas a un rescate tan anunciado como inevitable.
¿Sirvió entonces de algo la purga de Bravo hace un año? En realidad, a juzgar por la creación de la figura del coordinador regional, da la impresión de que Bravo bien pudo ahorrarse el lío organizado con el doble cese. Bravo ha intentado justificar su decisión de regresar a los orígenes en un cambio de la situación y de los comportamientos.
No se han producido tales cambios: después de este inútil año, el verdadero cambio es que Bravo ha descubierto que Nacho y sus díscolos de Tenerife serán siempre mejores alíados que sus críticos. Es menos peligroso dejarse acompañar por Nacho que por un Fernando Fernández, aburrido de Estrasburgo y convencido de que esta es su última oportunidad para volver a la Presidencia. Un Fernando Fernández que ya ha dicho en el PP que está dispuesto a dar la batalla para ser el diputado regional número uno por Tenerife, con Miguel Cabrera Pérez-Camacho de número dos y con el alcalde Soria aplaudiendo y empujando desde el Metropol.
Mejor Nacho, pues, que un ex presidente del Gobierno crecido, con vocación de dar guerra y con apoyos reales y efectivos en Madrid. Antes de dar alas al acuerdo entre Fernández y Soria, Bravo ha optado por volver a los orígenes y ha esperado en silencio a que Nacho piropeara su cintura (la de Bravo). Porque en eso tiene razón Nacho: la cintura de Bravo es enviadiable: se traga un sapo y no se le nota. Nada.

Colchón:
Para Bravo es menos peligroso dejarse acompañar por Nacho que por un Fernando Fernández, aburrido de Estrasburgo y convencido de que esta es su última oportunidad