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Después de meses de debate sobre Veneguera, el Parlamento aprobó ayer la propuesta que permirá dedicar 260 hectáreas del barranco a actividades turísticas. El texto finalmente aprobado, que tiene muy poco que ver con la inicial redacción de la Iniciativa Popular para declarar Veneguera espacio natural protegido, fue votado en un ambiente de cierta crispación previa y con el Parlamento pacíficamente rodeado por manifestantes de los grupos ecologistas contrarios a la utilización turística del barranco.
Para los diputados del PP apoyar la urbanización de Veneguera no ha supuesto ningún tipo de conflicto: votaron como un sólo hombre. En el PSOE, se optó por una abstención que supone en la práctica una victoria de la posición de Saavedra y una ‘suave’ desautorización de las tesis de Carmelo Padrón. Padrón, en cualquier caso, votó con el resto de sus colegas de partido, demostrando una vez más que el PSOE prima el debate interno y mantiene de la cultura de izquierdas al menos el sentido de la disciplina y la lealtad a la mayoría.
Más digno de interpretación resultó el comportamiento de los diputados de Coalición Canaria. Antes del pleno, en reunión de grupo, José Antonio Barragán había anunciado que si alguien votaba en contra de la propuesta, él entregaría el acta. Por supuesto que no cumplirá su amenaza: aquí nadie suelta un escacho ni borracho. Pero si Barragán hubiera hablado en serio, tampoco habría servido de nada: el nacionalista José Luis Alamo votó en contra a pesar de las recomendaciones, manteniendo la coherencia de sus previos posicionamientos. Está por ver si después de romper la unidad de voto, Coalición le pasará factura. Pero lo más censurable fue la actuación de Medina Calero y García Ramos. Haciendo uso de un típico truco parlamentario, optaron por salir a orinar cuando había que votar la propuesta. No se tomaron siquiera la molestia de abandonar el Parlamento: volvieron a ocupar sus escaños en cuanto pasó el mal trago de la votación. Eso les permitirá decir que no apoyaron la urbanización de Veneguera, sin enfrentarse a su grupo parlamentario.
Personalmente, siempre he creído que ese sistema -ausentarse de una votación para no comprometerse- es una marrullería de mal estilo, una treta cobarde e indigna de un representante político. Se puede legítimamente estar a favor o en contra de la urbanización, de la lanzadera de minisatélites o de la jornada contínua. Lo que no se puede es presumir en todas las tribunas de estar en contra de la mayoría, y esconderse precisamente cuando llega la hora de demostrarlo.

Colchón:
Ausentarse de una votación para no comprometerse- es una marrullería de mal estilo, una treta cobarde e indigna de un representante político