a babor

Cuestión de tiempo: el Marqués comienza a recorrer el camino ya transitado por el muy honorable Honorio y por Dimas. Todos ellos, honorable, Dimas y Marqués, arrancan de la misma tradición de arribismo que convirtió el mapa político de las islas en un agusanado queso de gruyere tras la desintegración de UCD. Hoy cuesta trabajo recordarlo, pero hasta cincuenta agrupaciones municipales diferentes se repartieron el legado centrista en los pueblos tras las elecciones de 1983.
Honorio en su feudo sureño de Yaiza, Dimas en el territorio sin ley de Teguise y el Marqués en el muy principal marquesado de las Dunas, los tres acabaron conviertiéndose en los más claros exponentes de esa nueva ‘aristocracia’ municipal surgida de la fragmentación taifal del reino ucedeo. Hubo más, por supuesto (basta recordar a Paco Araña y su particular condado de San Bartolomé), pero sólo ellos tres supieron hacer clientela y mantener su prosperidad frente a todo pronóstico.
Hijos de isla menor, tuvieron la habilidad de descubrir un Parlamento de Canarias, en el que la costumbre de gobiernos minoritarios -rota apenas con el ‘pacto de Hormigón’, y luego con el ‘pacto del Iberia’- permitía a cualquier diputado alcalde y medrador hacer su agosto. El Marqués logró su acta de diputado regional por el CDS en el 83 y curiosamente -como también hicieran el honorable y Dimas-, inició su andadura como líbero buscando protección a la sombra de proyectos políticos alejados de Gran Canaria. La cercanía de otros caudillos provinciales, con intereses o relaciones en ‘su’ territorio, le resultaba íncomoda, y por eso se apoyó el Marqués en Fernando Fernández, despreciando cualquier relación con la entonces floreciente estructura del CDS de Olarte, de quien siempre se mantuvo criticamente alejado.
De los tres que lograron hacer historia, el Marqués ha sido siempre -y con mucho- el más listo. Verdadero ‘señor’ en su pueblo, ‘patrón’ providencial y subvencionador generoso, ha conseguido revalidar sin dificultad alguna el apoyo masivo de unos agradecidos conciudadanos, a los que ha mimado hasta la indecencia con cargo a un hinchado presupuesto municipal de turismo de vacas gordas y remunerados disparates clasificatorios. Mientras el Marqués hibernaba en La Oliva ensayando sus celebradas declaraciones machistas y sus cacareados derechos de pernada, hoy a la sombra de unos y mañana a la de otros, llegando hasta el mismo Senado del Reino, sus ‘alter ego’ fueron cayendo.
Parece que ahora le toca el turno a él. Pero mejor no cantar victoria. El Marqués es -de verdad- muy listo. Mucho.

Colchón:
El Marqués ha mimado hasta la indecencia a sus conciudadanos con cargo a un hinchado presupuesto municipal de turismo de vacas gordas y disparates clasificatorios