Benito Cabrera

Desde hace algunos años, Canarias emplea al mismo número de personas en actividades relacionadas con la cultura que en el sector agrario. En 2006, el sector ocupaba 20.200 trabajadores, y era responsable directo del dos por ciento del PIB. En la actualidad ocupa poco más de 17.000 y su aportación al PIB ha bajado al 1’8. Esta reducción está muy vinculada a la de la inversión pública en cultura, al ser el sector muy dependiente de la planificación y los proyectos públicos. Con una reducción del presupuesto cultural del 12’5 por ciento en 2009 y de un 18 previsto para 2010, el sector ha reaccionado -como todos- despidiendo a mucha gente.

Desde el inicio del paulinato, el Gobierno ha centrado su actuación cultural en un ambicioso pero confuso programa denominado Septenio, una suerte de cajón de sastre, escasamente definido y mal orientado, y quizá demasiado centrado en la construcción de infraestructuras. El Septenio, sin embargo, ha servido para evitar la desaparición de alrededor de un millar y medio de empleos en el sector. Con su estela de críticas, el Septenio es la única iniciativa cultural de cierta importancia en esta etapa y –desde luego- la única que ha logrado sobrevivir a los recortes.En esta situación, la ‘Plataforma del 2%’ reclamó ayer al Gobierno que si debe apretarse el cinturón, lo haga sin asfixiar a la cultura, o al menos, sin asfixiarla más allá de lo que le corresponde en esta época de vacas flacas, como cualquier otro sector. La plataforma es un modestísimo ‘lobby’ integrado por empresarios culturales que lograron en 2006 que el presupuesto regional para cultura superara por primera vez el uno por ciento del total –en 2009 no llega al 0’9-. La petición es razonable y sensata: hoy no es posible soñar con el dos por ciento que Rivero prometió en su investidura (antes de la crisis), pero si se debe esperar del Gobierno un tratamiento similar al que se da a los otros sectores económicos. Y no está siendo así: el presupuesto regional de 2009 subió el 3 por ciento, y el de cultura bajó un 12,5 por ciento.

Para la mayoría de los políticos, la cultura es como una María, una asignatura superflua que se usa para dar lustre a un mandato. Por eso, en tiempo de crisis se tiende a reducir hasta la práctica eliminación los recursos para cultura, porque se considera un gasto no vital, como la sanidad, la vivienda o la enseñanza.

Y eso es un error capital: lo es desde el punto de vista del empleo, porque de la cultura viven hoy en las islas miles de personas; lo es también porque la inversión en cultura multiplica cada euro que recibe y lo convierte en 9’5 euros, una inestimable aportación al PIB. Pero es un error, sobre todo, porque es la ausencia de hábitos, enfoques y Liderazgo cultural, lo que impide la modernización en Canarias.