a babor

Creía que no iba en serio. Creía que se trataba de un culebrón veraniego o, a lo sumo, un breve sarampión insularista, curable cuando el enfermo volviera a ser cobijado por la manta del poder regional. Pero no. El PSOE no sólo se rasga las vestiduras con los cabildos, sino que además ahora quiere ‘descentralizarse’ y dar autonomía a sus dirigentes locales para que pacten en sus territorios y zonas de influencia lo que buenamente se les antoje. Por eso mismo exactamente, aplicado a la situación del País Vasco, llevan los socialistas poniendo a caldo a Anguita desde hace mes y medio. Y con toda la razón.
Pero ahora, si prosperan las tesis de la ponencia política, cada candidato a alcalde podrá hacer de su capa un sayo y pactar con este o con aquel, sin importale una higa lo que diga la ejecutiva regional. Por un suponer, supongamos que la regional decide que hay que pactar el Gobierno con Coalición Canaria, pero el candidato a la alcaldía de Telde decide que hay que apoyar al PP para quitarle la alcaldía a los nacionalistas. Eso exactamente fue lo que ocurrió en las negociaciones de Santa Brígida, cuando los socialistas palmeros y majoreros decidieron pactar con el PP en sus respectivos cabildos y en algunos ayuntamientos y provocaron al final el pacto del hotel Iberia entre Coalición y los populares. O quieren consagran el error, o es que no aprenden.
La lumbrera a quien se le haya ocurrido la conveniencia de autorizar sobre los estatutos pactos a todas las bandas y pertitir que se decidan en las instancias locales está reconociendo de hecho la incapacidad de la dirección regional socialista para diseñar una línea política. Y si la dirección no sirve para eso… ¿para qué sirve entonces?
Quizá debería haberse ocupado de examinar las causas de la pérdida efectiva de liderazgo político y social del PSOE en las islas, un proceso vinculado al del deterioro político del PSOE en toda España en los últimos dos años del ‘felipismo’, pero que en Canarias (donde no ha habido corrupción socialista, ni abuso de poder, ni conflicto mediático) ha tenido -y sigue teniendo- características específicas: desvertebación social del partido, anquilosamiento de la dirección y de la representación, escasa coordinación entre dirección y cargos públicos… En vez de estudiar mecanismos de recuperación, el PSOE opta por hacerse el ‘harakiri’ como organización regional: dar a los barones locales la capacidad de decidir pactos y estrategias es un camino sin regreso.

Colchón:
Si prosperan la ponencia política socialista, cada candidato a alcalde podrá pactar con este o con aquel, sin importale una higa lo que diga la ejecutiva regional