a babor

González ha vuelto a demostrar que es el político con más nervio y talento que ha dado hasta ahora la democracia española. Sí Suárez supo cerrar el ciclo histórico de la Transición con una dimisión de estadista, González ha logrado cerrar su propio ciclo personal -casi quince años de poder- con un gesto de enorme calado. Aún andan los suyos bajo los efectos del shock: González ha provocado tal catarsis en su partido, que cambia no sólo las espectativas políticas de los más consagrados, sino incluso las reglas de actuación en esta etapa confusa. Más allá de cualquier reflexión sobre la amplitud de la renovación puesta en marcha en el PSOE, lo cierto es que la decisión de González asume -entre otros muchos- el riesgo de colocar a su partido ante una transición de poderes muy rápida. El ‘melón sucesorio’ al que González se ha referido tantas veces fue abierto por él en la mañana del viernes y debería haber quedado cerrado -al menos en principio- ayer noche.
El periodista escribe estas notas cuando aún no se ha despejado la incógnita. Tanto mejor: el efecto expansivo de este ‘melón’ se antoja más importante que el nombre del sucesor, al que tiempo habrá de sepultar en reflexiones y hagiografías mediáticas a lo largo de los próximos días.
Las ondas de la explosión llegan a Canarias para encontrarse con la renovación ya organizada, pactada y dispuesta. Curioso y gran partido éste -el PSOE- cuya liturgia de vasos comunicantes funciona con precisión casi de laboratorio. El hecho es que sin rozar -siquiera desde lejos- el carisma y el talento de su jefe González, Saavedra vuelve a sorprendernos adelantándose aquí a una decisión que nadie esperaba, y convirtiendo su propia sustitución como secretario general y como miembro de la ejecutiva federal en el centro de una meditada operación de relevo generacional en el PSOE, que parece haber sido iluminada telepáticamente por González. Pero Saavedra no es González: su estilo florentino pervive en los modos y los gestos que acompañan el suave pero intenso sabor de la ‘papaya sucesoria’ en el PSOE canario. Saavedra todavía no ha dicho que se va, entre otras razones porque aún no tiener del todo decidido cómo se queda. Saavedra da paso a los mejores de su entorno -Alemán y Brito-, pero elige gentes que no pueden disputar su territorio. Saavedra prepara y desarrolla las tácticas de su relevo, pero mantiene un control absoluto y sin riesgos en todo el proceso. Carece del nervio de los grandes líderes para que sus acciones puntuales dejen la huella de un profundo impacto en las gentes. Pero lo sobran instinto y cerebro para un diagnóstico certero. Es mucho más aburrido. Pero quizá sea mejor así.

Colchón:
Saavedra no es González: su estilo florentino pervive en los modos y los gestos que acompañan el suave pero intenso sabor de la ‘papaya sucesoria’ en el PSOE canario.