a babor

Cada ruido trae su eco: no fue mucho el ruido de la manifestación por la doble autonomía. Pero tampoco fue poco. Su eco es un rumor, de momento ambiguo, que sólo se escucha por la total inmovilidad del Gobierno.
El rumor viene del extrarradio: dicen que los periféricos han cogido carrerilla y que van a por todas. Dicen que en las reuniones de la FECAI se habla de más cosas que de la Ley de Cabildos o de esa administración unica con la que Hermoso quiere entretenernos el verano. Dicen que Perestelo platica mucho con Tomás Padrón, y Padrón con Curbelo y Curbelo con Fonfín y Fonfín con Becerra, y que entre ellos cinco, cada uno de un partido diferente, han ido haciendo sus cuentas y se plantean algo gordo hacia el otoño, cuando el Gobierno se canse de hacer teoría de Administración Unica y empiece el debate de la práctica sobre las transferencias y las delegaciones. Dicen que en la espera se preparan borradores de un manifiesto en defensa de la unidad regional y (de paso) en defensa también del estatus de las islas de alrededor, que no es moco de pavo. Dicen que se va moviendo -sin estridencias- el proyecto de un ‘tercer poder’ territorial, algo así como un sindicato de menores, una agrupación de periféricos, una tropa de distintos decididos a no mirarse el carné (ni el de identidad ni el de partido) y a ponerse inmediatamente de acuerdo.
De momento es sólo un eco, cierto. Pero apenas uno nota las primeras y esquivas ondas rebotar por el laberinto y el yunque hacia el tímpano, siente también que es ya un eco inevitable: los pequeños saben que juntos suman lo mismo que los grandes, y eso quiere decir que suman exactamente el doble, porque los grandes llevan años dándose la espalda y han acumulado una historia de desacuerdos. Los pequeños controlan la FECAI (cinco cabildos de siete), y aspiran a mandar más en un Gobierno que funciona por taifas, y en el que ellos han logrado tocar la taifa principal que es la de Obras Públicas. Los pequeños han decidido que pueden darle la vuelta a la tortilla y dejar de ser espectadores para ser protagonistas… hasta ayer, el insularismo de los pequeños no tenía proyecto, era apenas la imitación aldeana del insularismo con mayúsculas de ATI. Ahora no es así. Ahora pueden hacer insularismo práctico -más millones por barba en los presupuestos regionales- mientras defienden la unidad regional, de la que nadie se ocupa.
El insularismo de los pequeños tiene ya un soporte ideológico, un arma. Y con un arma a ver quien les para.

Colchón:
en la espera se preparan borradores de un manifiesto en defensa de la unidad regional y (de paso) del estatus de las islas de alrededor