Carlos Alonso, consejero de Econom a del Cabldo de Tenerife

Carlos Alonso es consejero de Economía y Competitividad del Cabildo de Tenerife, y un tipo habitualmente comedido y tranquilo. El lunes perdió totalmente los papeles al responder en rueda de prensa a los argumentos de Ben Magec, la principal asociación ecologista de la isla, que ha decidido presentar un recurso contencioso administrativo contra el Tren del Sur. Carlos Alonso calificó a la federación ecologista de ‘secta’ y sus argumentos los tildó de ‘sandeces de extrema izquierda’, retando a Ben Magec a que presente un recurso contra el tren de Gran Canaria, y si no lo hacen “que expliquen por qué atacan a las infraestructuras de Tenerife y no le parecen tan dañinas las de Gran Canaria”. ¿Es lógico que alguien tradicionalmente circunspecto y exquisito en sus modales, como este pupilo de Ricardo Melchior, pierda así los estribos?


Desde la paralización judicial de las obras del Puerto de Granadilla, se extiende entre las fuerzas vivas de Tenerife una imparable sensación de atasco y derrota, que muchos achacan –no podía ser de otra manera- a la conspiración ajena. Desde el inicio de la democracia, los políticos de Tenerife siempre han apoyado hombro con hombro las infraestructuras de las islas, muchas veces con la aprobación de la gente, y otras con su silencio resignado.La multitudinaria protesta contra las torres eléctricas de Vilaflor dio pié a la creación de una oposición –no sólo ecologista, también ciudadana- al cemento y la gran obra. En los últimos dos años, esa oposición ha tenido ‘proyección política’: en Granadilla, una alianza de los llamados antisistema –la gente de ‘Sí se puede’- y Coalición Canaria (nada menos), consiguió desplazar al PSOE con una oferta electoral contraria al puerto, que Coalición consintió en Granadilla, porque una cosa es la coherencia y otra el poder.

También el PSOE insular, en su último congreso insular, decidió oponerse por primera vez a la construcción de la que –la mayoría de las instituciones de Tenerife- consideran la obra más importante para el desarrollo futuro de la isla. El enfado de empresarios y fuerzas vivas se agudiza con la crisis, y –sobre todo- con el hecho de que los tribunales estén dando la razón en muchas demandas a la ‘nueva oposición’, integrada por una amalgama de grupos tradicionalmente ajenos al a los que –por primera vez desde finales de los 80- se suma ahora activamente el PSOE.

La paralización de las Teresitas (por motivos legales), el rechazo al Mamotreto de Santa Cruz… están provocando el pánico en quienes siempre han hecho las cosas como les ha venido en gana. Ese pánico es el que hace que se señale hacia Gran Canaria buscando responsables. Porque es más fácil y más rentable política y socialmente acusar al sanedrín (O A José Vélez) de estar tras los ecologistas y quienes se oponen a las obras, que razonar con ellos.