a babor

Ayer se dieron gusto los tertulianos: los extremosos hablaron del inicio de una nueva era (nuestra salida del Cenozoico quizá tenga que ver con el regreso de los dinosaurios), mientras los tranquilos se referían a lo histórico del momento. Desde que Francis Fukuyama cantó la muerte de la historia, nos ha dado la fiebre de considerar históricos todos los hechos y andanzas de la cotidianeidad: ahora es histórico que el PP se entienda con los nacionalistas, o que el PSOE pase a la oposición, o que Aznar sonría a un sindicalista… tanta pasión por la historia resulta sospechosa: procede de gentes con muy escasos conocimientos de nuestro pasado.
Por ejemplo: ¿qué tiene de histórico que gobierne la derecha en España? La derecha ha gobernado de forma casi ininterrumpida el país desde Isabel y Fernando. ¿Y qué tiene de histórica la alianza de la derecha con los nacionalistas…?
Estamos ante el gran argumento de esta legislatura que comienza: se dice que el acuerdo entre el PP y los nacionalistas cierra definitivamente las heridas entre centro y periferia que nos legó la Guerra Civil. Falso y pretencioso: Suárez cicatrizó esas heridas al pactar con vascos y catalanes su inicial diseño autonómico. Selló su pacto trayendo del exilio a Tarradellas y Leizaola. La derecha española, dividida entonces entre la tentación continuista que representaba Fraga y el reformismo de Suárez, diseñó su modelo de Estado de acuerdo con los nacionalistas: pactó con ellos el modelo de excepciones al centralismo que querían los herederos del franquismo y convenía a vascos y catalanes. Ocurió a finales del 1979, cuando se aprobaron los Estatutos de Cataluña y País Vasco, se negociaron los ‘recortes’ del Estatuto gallego y se metió al resto de las regiones en la vía desesperante del 143.
Sin duda, se trató de una brillante operación de ingeniería política, pero se cometió el error de dejar al PSOE fuera del diseño de ese modelo. Y ese error lo pagó el país con la normalización autonómica, un pendulazo que hizo del ‘café para todos’ algo más que una frase. Ocurrió así porque fue insensato diseñar el cambio del modelo de Estado, sin contar con un partido que es parte de su esqueleto político y social.
Que no nos engañen: Aznar no estás acometiendo la tarea ‘histórica’ de diseñar una nueva estructura de Estado. Calificar de esa forma el momento actual es mistificar escandalosamente el papel del nuevo presidente. Aznar sencillamente intenta gobernar y para ello se ve obligado a ceder parte (una buena parte) de lo que los nacionalistas le piden. Casualmente, eso es bueno para Canarias, una región con parametros socioeconómicos por debajo de la media nacional. Pero tambien es bueno para las dos regiones más ricas del país y creará algunos problemas de cohesión.
La reforma del Estado sí es una tarea realmente ‘histórica’, una tarea que no puede hacerse sin el consenso del PP y el PSOE. No estamos, pues, ante una nueva era. Esto es sólo la repetición de un viejo error.