a babor

Esa frase que asegura que lo que diferencia al hombre de las bestias es el lenguaje, es una falsedad tópica. Primero, porque algunos animales utilizan mecanismos sonoros de comunicación que sólo desde un antropomorfismo autoritario y ombliguista podemos despreciar. Y segundo, porque el hombre existe y se mueve por este planeta mucho antes de que la laringe de nuestra especie evolucionara hasta permitirnos hablar. Somos racionales muchos milenios antes de aprender a hablar. Comenzamos a parlotear hace unos 45.000 años y desde entonces hemos ido perfeccionándonos en el arte de comunicarnos a través del sonido. En teoría eso tendría que habernos diferenciado enormemente de nuestros cercanos parientes las bestias, aunque a veces no haya ocurrido así, sino más bien todo lo contrario: más claro y más continuado hablamos, más bestias parecemos.
Ocurre especialmente durante las campañas electorales: en ellas, esa rama bastarda de nuestra especie que es el político, compite denodadamente con sus congéneres para ver quien es capaz de decir las mejores y más grandes tonterías. En Canarias, es tradición que el combate por hacerse con el palmarés quede en tablas entre Mauricio y algún otro.
Y en esta ocasión la tradición no parece que vaya a modificarse: todavía faltan un buen par de semanas para el disparo de salida de la campaña y ya ha comenzado la competición. Mauricio ha sido el segundo en saltar a la pista, replicando con elaborada tontería a otra tontería del alcalde de Las Palmas. Soria se había descolgado a mediados de esta semana jurando que cuando el PP entre en el Gobierno de Canarias (algo que habría de producirse tras las elecciones generales), no aplicará el programa de Coalición Canaria sino el suyo propio. Con tamaña perogrullada, sigue Soria la moda impuesta por Aznar con las ‘solemnes obviedades’ sobre el déficit y los impuestos. Y Mauricio, por no quedarse atrás, ha replicado muy altaneramente al alcalde que si el PP no acepta el programa nacionalista no gobernará ni en Canarias ni en Madrid (órdago). Y eso sin que ni Soria ni Mauricio hayan explicado en ningún momento en qué consisten sus respectivos programas. Porque si estamos hablando del programa del Gobierno, el único que existe es el leído por Hermoso en su investidura, programa que ya fue votado en su día por los diputados del PP.
Osea, que más allá de lo divertido que resulta ver a dos gallos cacareando sobre como organizar un corral ajeno (ni Soria ni Mauricio son miembros del Gobierno, ni participan de las decisiones de su Consejo), lo cierto es que esta campaña, entre optar por sacar a González de la Moncloa o por impedirle a Aznar que entre, se presenta de un obtuso tal que no va a haber por donde agarrarla.
Si el tono de los discursos va a ser éste, mejor sería volver hacía atrás, hasta el silencio bendito de hace 45.000 años.