a babor

A todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Pero no solo a ellos. También a José Carlos Mauricio, que ha logrado encontrar por fin su nicho verdadero. Y ya que estamos en trabajo de ajuste fino, a su colega Redondo, hoy y esperemos que por siempre en el exilio. Y a Eligio Hernández, qué portento de silencio desde la historia del zaguán de Vera, quién se lo iba a decir a él como jurista. Y a Antonio Martinón, otro que tal y de retiro forzoso. Y al ministro, por supuesto, cómo no al ministro, con todo lo que se lo merece. Y a su ex secretario Ilde, por cierto… ¿qué hace ahora?. Y al pesado que cuenta siempre los mismos chistes en el bar de abajo y encima pretende que me ría. Y a Enrique Hernándiz y a su buen amigo el abogado Xiols. Y al cretino impresentable que llama de vez en cuando por teléfono a mi casa y dice obscenidades y ya no asusta ni siquiera a mi hija. Y a José Mendoza y sus cien mil hijos del STEC, a sus maestros homologados, sus maestros en jornada contínua y sus maestros en huelga, a todos ellos -incluyendo a mi suegra maestra- en estas fechas de prolongadas vacaciones pagadas. Y a María Eugenia Marquéz, cada día más ‘inquieta’ con sus cosas y con las cosas de los demás. Y al concejal Cardona, a ver si deja de confundirse de guagua. Y al excelentísimo representante de los hiper en el municipio de Telde, don Francisco Santiago. Y al señor Ambrosio, natural de Arucas y experto en compras y ventas. Y al vicerector Manuel Lobo. Y a Juan Alberto Martín, con la explícita recomendación de que se agencie un sonotone y se lo enchufe. Y a Segundo Martínez, ahora y en la hora de la lucha final se alcen los pueblos, etcétera. Y a José Emilio García Gómez, a. ‘el indeciso’. Y a Rafael Pedrero, que anda todavía viviendo de las rentas y sin encontrar el tónico cerebral que le hacía falta. Y a Dimas, a Honorio, a Paco Araña y al Marqués, para que se decidan de una vez y monten un trío musical más figura y recorran los pueblos de las islas cobrando por actuación, como en los buenos tiempos. Y a Marisa Tejedor, pobrecita, tan necesitada ella de un buen contable. Y al Gustavito, marujilla de pocos vuelos y lengua de trapo. Y a Agustín Acosta, a ver si se deja de despertar a la gente. Y al que redactó la circular sobre el acento, que todavía no hemos logrado saber exactamente quien fué. Y a Pedro Duque, y que se mejore. Y a Felipe Hernández, a ver si sigue o lo apean o se suicida en medio de la calle Real. Y a Tomás Padrón, que es lo mismo que fue siempre pero ya no manda nada, mirá tú lo que son las matemáticas. Y al alcalde Soria y a su asesor en materia de medios de comunicación, que tampoco es cuestión de que siempre me toque enfrente. Y a Rosendo Melían Perera, que no tengo ni remota idea de quien es, pero ecribió no hace mucho la carta al director más estúpida e innoble que he leído nunca. Y a José Juan Herrera Velazquez, que a o mejor vuelve por culpa de una ley hecha con los pies. Y a Tino Monenegro y a Rafa Viñas y a Rafael Santana, y no digo más. Y sobre todo a tí, lector, si has logrado aguantar hoy hasta este mismo final.