a babor
Con las negociaciones de listas siempre pasa que al final es imposible colmar todas las expectativas y cumplir todas las promesas. Son muchos los que se quedan fuera, colgando de la cornisa y pasando frío. Los pobres, de tanto abandono, se vuelven radicales. Algunos adquiren tanta habilidad en lo de contestar que pueden acabar haciendo migas con el adversario electoral. Es el caso de León Manuel Acosta Nazco, un palmero que estuvo en UCD, luego en la Agrupación Palmera, después en el PSOE y al final ha acabado encontrando su sitio y verdadera identidad ideológica como candidatable ‘popular’ (del PP, es decir) a la alcaldía del municipio de Los Llanos de Aridane.
Cosas y casos como el del prototransfuga Acosta Nazco no son corrientes, pero una negociación de listas tan complicada como la de la CoCa ha abierto heridas cuya cicatrización es posible que no se produzca nunca. Y para heridas, la herida colectiva del Cecené chicharrero.
El presidente del partido de Olarte en Tenerife, Leonardo Hernández Santaella, ha reconocido que su partido se ha quedado en Tenerife para vestir santos. Decir la verdad es bueno. Quizá sea menos bueno responsabilizar a otros de haber perdido la oportunidad de pasar por la sacristía de Coalición Canaria en la isla de Hermoso. Hernández Santaella se queja melancólicamente de que la culpa de que los centristas tinerfeños no se coman rosca en estas listas es del abandono de que han sido objeto por parte de su dirección regional. No señala con el índice a Olarte, pero si no lo hace es porque no le quedan fuerzas ni para eso. Dentro del catálogo de los descontentos, su dardo más envenenado es aquél en el que asegura sentir envidia de los icánicos de Tenerife que «sí han recibido el respaldo regional de los suyos».
Otro que se queja de falta de apoyo es Jesús Gómez. Lo hace con elegancia y energía: se muestra descontento con el conciliábulo que le ha dejado de número dos en la lista del Cabildo, y pega un portazo pero sólo de las listas: es coalicionero, dice, y lo seguirá siendo. El presidente del Cecené grancanario tiene el detalle de negar los rumores que aseguran malévolamente que su renuncia se produce por diferencias ideológicas con Carmelo Ramírez: nada de eso. El único problema es que cada uno elige donde quiere estar, y Jesús Gómez no quiere estar el segundo. Olarte pierde uno de sus apoyos. Otro.
Y como son muchos los maltratados, pues lo mismo pasa en el partido: los movimientos de Julio Bonis y Luis Hernández para controlar la estructura partidaria del Cecené y evitar conflictos con la tramitación de las listas, han creado más problemas añadidos. A don Julio y don Luis parece no importarles: cuantos menos sean los invitados al convite, así menos se notará que la tarta siempre se la comen los mismos.