a babor

Si lo que el ministro Saavedra pretende es evitar que se produzca la reforma electoral en Canarias, va bien encaminado. Pero si lo que espera es contribuir a acelerar un proceso que lleva camino de prolongarse ‘ad aeternum’ como un REF cualquiera, entonces lo tiene crudo.
Verás: Saavedra pronunció ayer un discurso en el salón de actos de la casa Mercedes en Las Palmas, en el que ha insistido en la necesidad de modificar las normas que rigen los procesos electorales en Canarias. No se trata de modificar la ‘ley Electoral Canaria’ (ley que no existe, a pesar de que contínuamente se haga referencia a ella en las intervenciones de los políticos y en los medios de comunicación), sino de cambiar el sistema electoral contemplado en el Estatuto, aprovechando para ello la tan cacareada reforma del propio Estatuto. Saavedra ha dicho que la reforma electoral es el único método para acabar con la sobrerepresentación de los partidos insulares, y eso es bien cierto, aunque no como una consecuencia a corto plazo. Ha dicho que los partidos insulares son responsables de la fragmentación del Parlamento de Canarias, y también eso es cierto, aunque la responsabilidad habría que compartirla.
Saavedra insiste en el viejo proyecto del PSOE de crear una nueva circunscripción regional que venga a complementar las siete circunscripciones insulares. Es la propuesta pergeñada por Juan Alberto Martín en la época ya lejana en la que desempeñaba el hombre las funciones de vicetodo saavedrino, y que se basa en la ampliación del numero de diputados regionales de sesenta a setenta, para dotar la lista de nueva creación con diez nuevos escaños, sin perjudicar directamente la representación de las circunscripciones insulares ya existentes. La propuesta no llegó a cuajar en su día, precisamente porque los socialistas llegaron a la conclusión de que no representaba ninguna modificación sustancial de la representación que ellos podrían obtener, y además la modificación del sistema electoral les enfrentaba abiertamente a Asamblea Majorera, formación política por aquél entonces comprometida con el PSOE en el ‘Pacto de Progreso’ y considerada como ‘insularista progresista’.
Hoy los insularismos progresistas no existen. De hecho, ni siquiera está muy claro si existen los insularismos, o si lo que queda de ellos es sólo el poso de una frustración. Pero lo cierto es que las Agrupaciones Independientes siguen poniendo pegas a la reforma del sistema electoral. Y es ahora -desde la oposición en Canarias- cuando Saavedra encuentra un procedimiento para evitar que esa reforma -la muy tímida creación de una minúscula circunscripción regional- llegue a producirse: Saavedra plantea elevar el porcentaje de votos que se exigen -tanto a nivel insular como regional- para que los partidos obtengan representación parlamentaria. O lo que es lo mismo: Saavedra plantea hacer una reforma electoral contra los partidos que hoy gobiernan en Canarias. Muy lucido.