José Segura, caricatura de Eduardo

Ha pasado casi desapercibida la presentación por el diputado José Segura del llamado ‘Plan Estratégico para Canarias’, en el que se reclaman más de 5.000 millones de inversión al Gobierno Zapatero. Es un hecho destacable, una muestra de valentía política; y más si el plan lo presenta quien hace un año era Delegado del Gobierno en Canarias, con un justo conocimiento de las obligaciones que el Estado tiene para con su región más lejana.

Es la de Segura una práctica que más se parece a las de la democracia-USA, donde senadores y congresistas no siempre siguen a pie juntillas el dictado de sus jefes de partido instalados en la Administración Federal o en la Casa Blanca. Y el plan sobrepasa incluso las demandas del Gobierno Rivero, más preocupado por escapar de la quema de diversos pleitos y por recabar al Estado migajas que ofrecer a los hoteleros (bajada de las tasas aéreas) o a los exportadores e importadores (reducción a cero de los fletes marítimos); es decir, parches para ir tirando, en lugar de infraestructuras que nos permitan ser más fuertes y competitivos.

La medida más relevante del Gobierno Rivero con cargo a sus propios recursos fue la reducción de los intereses de las hipotecas para los endeudados canarios con rentas menores a 30.000 euros. Ahora que se ha cerrado a declaración del IRPF se saben los efectos del titánico esfuerzo: entre veinte y cuarenta euros de rebaja anual para cada agraciado, entre dos y tres euros por mes y familia afectada. Habrá costado más reformar los programas de gestión del IRPF que los resultados prácticos de la medida.

Frente a esas banalidades, Segura ha elevado el listón a 5.000 millones de euros aun por concretar y por aceptar: primero por los socialistas canarios, que se reunirán en Lanzarote con Zapatero para expresar sus demandas en los Presupuestos 2010. Y segundo por el propio Zapatero, que se ha quedado sin un euro después de la propina catalana, aguantando el mayor déficit en las cuentas del Estado de la historia democrática.

El disciplinado rechazo de José Segura al Estatuto-bis de Canarias -la Lotraca- fue un esperpento, un punto negro en una biografía política impecable: Segura enmienda ahora ese disparate y demuestra ser un hombre con criterio, quizá cansado de ver a su partido regar con miles de millones de euros otras regiones, mientras a Canarias se le niega la inversión media por habitante consagrada en el REF. Sin duda, Segura pretende superar a Ana Oramas y su Plan de Medidas Urgentes. Pero es bueno que ambos empujen en la misma dirección, y aún mejor que el PP canario se sume. Y que el Gobierno de Canarias acabe con su juego de socialistas buenos (los de allí) y socialistas malos (los de aquí) y se ocupe de veras de atajar esta crisis que nos muerde a todos.