a babor

El conflicto entre ‘guerristas’ y ‘renovadores’ ha cruzado el Atlántico y ha llegado a Canarias. Es la primera vez que ocurre. El PSOE canario siempre se había mantenido al margen de esos cirios. Pero uno de los ojitos derechos de Arfonzo, el inmutable, inperturbable, indestructrible y también invisible diputado por Tenerife, Luis Fajardo, resultó defenestrado de las listas por decisión de las hordas ‘renovadoras’ del socialismo chicharrero. Se cargaron al cunero Fajardo y pusieron en su sitio a Antonio Martinón. Es Martinón, aparte de coyuntural aliado de Saavedra en la batallita renovadora, un señor muy antipático pero muy honesto, que ha logrado dar una lección de estilo sobreviviendo a su jubilación de Gobernador Civil reintegrándose al puesto de profesor de matemáticas en un instituto de Enseñanzas Medias. Martinón es un plomo, conste, y es difícil que logre arrastrar más votos que cualquier otro candidato, Fajardo incluido. Pero sin duda su trayectoria limpia y militante le hacen acreedor del discutible mérito de encabezar la plancha socialista tinerfeña. Al menos así lo piensan sus compañeros de partido.
El Todopoderoso no piensa igual: Arfonzo no podía dejar que uno de los suyos fuese totalmente quitado de enmendio. Ni los gritos de Jota, ni el desplante que el susodicho, Tano Navarro y Jerónimo Saavedra hicieran el pasado miércoles, cuando se levantaron de la reunión en la que Guerra impuso a Fajardo como candidato por Tenerife, han podido doblegar a los ‘guerristas’, que dominan el comité de listas pese a una más que teórica presidencia de Felipe González.
Guerra gana. No se carga a Martinón, pero Fajardo queda nominado. Saavedra demuestra una vez más que no es capaz de salirse con la suya. El ex presidente, que para alinearse en uno de los dos sectores en batalla abierta en el PSOE hasta ahora había sabido tener muy buen ojo, se dejó ver ultimamente en reuniones clandestinas con ‘renovadores’ y coqueteó abiertamente con los enemigos de Guerra. Ahora Guerra le pasa factura.
Pero lo más grave de toda esta historia no es que Guerra imponga a Fajardo frente a las propuestas de todas las agrupaciones locales del socialismo tinerfeño, el acuerdo de la dirección socialista en Tenerife y el apoyo expreso de Jerónimo Saavedra. Lo más grave es que el ‘ukasse’ guerrista ha trascendido desde Ferraz a las islas, propalado por los propios encargados de sufrirlo: después de un par de días de escuchar a los socialistas censurar con toda razón el espectáculo de tensiones y retrasos que está acompañando al primer parto electoral nacionalista, ahora resulta que al PSOE le imponen sus candidatos desde Madrid. Si en Canarias cuecen habas -y vaya si las cuecen-, en las relaciones entre el PSOE canario y sus jefes de Madrid lo que cuecen son habones.