a babor

Fernando Fernández se rasga las vestiduras porque en el Complejo de Teguise se han utilizado pagares para abonar a un millar de agricultores las subvenciones a la cebolla. Hay quien dice que más legítimo es un pagaré que ocho millones en un maletín, y que Fernando Fernández exagera al enfadarse tanto. Pero yo estoy con él: el Complejo es un pozo en cuyo fondo nadan sin demasiado control los peces más sorprendentes.
El caudilismo necesita recursos. Cualquier ejército lo sabe: no existe caudillo sin intendencia. Dimas es uno de los personajes más listos que conozco: entendió mejor que nadie en Lanzarote la relación que existe entre la deuda electoral y la deuda a secas, y gracias a esa comprensión ha logrado montar un mecanismo de tal precisión y eficacia, que va a resultar difícil que Dimas pierda algún día las elecciones.
Dimas es un hombre emprendedor: prácticamente salido de la nada, ha consolidado en Lanzarote toto un imperio de lealtades imperecederas, mitad espectativa de negocio, mitad silencio cómplice ante la quiebra. Maneja el discurso subconsciente de la riqueza como un avispado populista: todos saben que Dimas vive mejor ahora de lo que vivía hace unos años, pero eso es normal y nadie va a culparle por ello. Las personas inteligentes y trabajadoras progresan, si la suerte no se les coloca enfrente: Dimas es inteligente y trabajador -muy trabajador-, y es normal que las cosas le vayan a mejor. Aún así, él sigue usando el mismo coche que siempre ha usado, un coche bueno pero discreto, y vive en la misma casa de siempre, que comparte con la misma mujer de siempre. Lanzarote entero reconoce en Dimas a un hombre con muchos defectos, a un hombre que se equivoca y que administra de manera irregular, pero que no ofende a nadie con la ostentación de riquezas sin cuento adquiridas de ayer a hoy.
Es verdad que tiene un barco y que no es normal que un hombre con tantas deudas pueda permitirse tal lujo. Pero a la gente no le importa que lo tenga y lo disfrute: es que se lo han regalado. ¿Tira de talonario como un griposo tira de kleenex? Tampoco importa, lo hace con buena intención. Otros tiran de talonario igual y encima no reparten. ¿Arruinó al ayuntamiento de Teguise? Sí, pero hay que ver las obras que hizo y que han quedado para siempre. ¿No paga sus deudas a los agricultores? A medias: paga tarde y menos de lo que promete, pero antes de Dimas, las subvenciones no existían, y las cebollas, en vez de pudrirse en los hangares del Complejo, esperando un viaje que nunca harán a Mauritania, se pudrían al sol en las cunetas de las carreteras.
Dimas y sus cebollas y sus pagarés y sus deudas son la historia misma de Lanzarote: una tierra de volcanes que se creyó el cuento de la lechera del turismo y convirtió sus costas inmensas en una enorme letra de cambio, que ahora ha vencido sin renovación posibile y nos descubre que la fanmilia está en quiebra.
Pero no nos engañemos: Teguise no es Sicilia. En Teguise no hace tanto calor.