a babor

Un grupo de animales, de posición dudosa entre los arácnidos y los crustaceos, es el de los ‘Pantópodos’. Su nombre significa «todo patas», y a fe que no puede ser más apropiado. En realidad, estos bichitos recuerdan a las arañas en sus quelíceros -aunque en ellos siempre terminan en pinzas-, en sus palpos y en sus larguísimas patas, normalmente en numero de ocho, aunque también existen algunas especies con patas en número de diez. En todo el resto, los ‘pantópodos’ no se asemejan a los arácnidos ni a ningún otro animal conocido, con la solitaria excepción que se explicita al final.
La cabeza de este raro ejemplar de la fauna es una especie de minúsculo tubo, con un orificio en el extremo, que es la boca, y su cuerpo no merece el nombre de tal, pues se halla reducido a una serie de cuatro o cinco pequeñas piezas transversas que únicamente sirven para unir las dos patas de cada par, la primera de cuyas piezas lleva encima una especie de tubérculo o pivote con cuatro diminutos ojillos. No sin razón decía el sabio naturalista Linné al hablar de estos sorprendentes seres que «maravilloso es que tan parvo cuerpo gobierne tan grandes patas».
Dentro de ese cuerpo, efectivamente, no hay otra cosa que el corazón. El aparato respiratorio no existe ni falta que les hace: las más de quinientas especies de ‘pantópodos’ que se han clasificado, son todas marinas, y con frecuencia habitan en los grandes fondos: respiran el aire disuelto en el agua a través del tegumento, que presenta numerosos poros. Todos los demás órganos que en el resto de los animales ocupan las cavidades del cuerpo, no caben en el muy pequeño cuerpecillo de los pantópodos, y de esta forma, el aparato digestivo se compone de un esófago que está dentro del tubo cefálicio -lo que ha hecho decir a algunos naturalistas que piensan sólo lo que comen, otra particularidad que lo asemeja a la excepción a la que hemos de referirnos más adelante-, y de un estómago ramificado en estrechos conductos que se extienden por dentro de todas las patas. El clásico pleito anatómico-filosófico de si son las tripas las que llevan a las piernas o las piernas las que llevan a las tripas, se ha resuelto en este puintoresco animal de forma harto curiosa. En la hembra ‘pantópoda’, también se ramifican por el interior de las piernas los ovarios, que tienen su salida al exterior en el extremo de las patas, de tal manera que otra rareza de estos animalitos consiste en ser los únicos de todo el reino animal que paren por los pies.
Ponen, pues, por los pies, con ellos comen, con ellos digieren lo que comen y hasta con ellos piensan. Y en todo -pero especialmente en no ser más que pies para pensar y cabeza sin cerebro y sólo boca-, se asemejan los ‘pantópodos’ a cierto eterno candidato a la alcaldía de Las Palmas, que cada vez que abre el pico, parece haber razonado antes con las patas.