a babor

Hoy mismo, delante del edificio de Servicios Múltiples, se juntaron como unos doscientos o trescientos funcionarios cabreados, con sus pancartas coloradas y todo. Uno que pasaba por allí despistado, ante la estética revolucionaria y los eslóganes y las pintadas en paño rojo, pensó que había estallado por fin el ‘Caracazo’ de Eligio pero no, qué va, ni en eso va a acertar el Fiscal General más parlanchín de la historia de España.
Respondían los congregados a una muy civilizada convocatoria de huelga en la Función Pública planteada por UGT y Comisiones y el CSI-CSIF, para protestar por la congelación de salarios de los empleados públicos con la que Solchaga espera pagar el AVE y los demás excesos del ’92. Y parece que respondían más bien poco: no se lo que dirán hoy los periódicos sobre la incidencia de la huelga general esta, pero los cuarenta mil que tenían que parar en toda Canarias no estaban por allí ni por asomo. A lo mejor se habían ido a hacer bulto a Tenerife, o quizá yo pase demasiado temprano, y a lo mejor estaban las masas sindicales todavía con las sábanas pegadas.
Y es que no está el patio para estos saraos. Los sindicalistas deberían hacer lo que sus antiguos colegas comunistas y afines: optar por lo japonésido, que es lo que hoy se estila, y declararse en huelga de hiperproducción. Y si eso suena demasiado radical, por lo menos en huelga de celo. Imitarían así a los diputados de Iniciativa Canaria, que tras poner a funcionar una máquina de fabricar enmiendas que tienen escondida en la sede del grupo parlamentario de la Cámara regional, amenazan ahora con debatirlas una a una.
Redondo y sus boys se han sacado nada menos que 242 enmiendas de la manga, casi la mitad del total que se presentan este año. Pretenden sin duda los icánicos vengarse con semejante diarrea enmendante de no haber podido presentar ese texto alternativo a los Presupuestos que todo grupo parlamentario lleva clavado en lo más profundo del corazón. Como ningún reglamento de ninguna cámara legislativa del mundo permite ofrecer alternativas globales a los Presupuestos, ICAN ha optado por el goteo de las enmiendas parciales, superando con sus 242 el record histórico del Parlamento canario.
Pero lo peor no es este singular estajanovismo de ICAN (hay que decir que con los ordenadores que les puso Victoriano Ríos hacer enmiendas resulta mucho más facil), sino el hecho de que además amenazan con defenderlas una a una en sesión plenaria, y además agotando todos los turnos, incluyendo el de réplica y contraréplica. A veinte minutos por enmienda votada, y eso suponiendo que no se estropee el marcador electrónico, que es mucho suponer, salen como cien horas ininterrumpidas de torturante sesión. Antes que soportar eso, este y cualquier Gobierno estaría dispuesto a dejarse colar lo que hagan falta.
Lo dicho: los sindicatos debieran modernizar sus métodos e imitar a ICAN. A veces trabajar -aunque sea un poco- resulta rentable.