a babor

Como pasa el tiempo, que de pronto son años, sin pasar tu por mí detenida… eso cantaba Aute. Y ayer podría haber sonado como acompañamiento de la rueda de prensa ofrecida por Jerónimo Saavedra con motivo de su primer aniversario al frente del Ejecutivo.
Como pasa el tiempo, si… apenas 365 días, y ya nada es como fue: hace un año, un Saavedra recién estrenado ofreció una rueda de prensa similar ante un auditorio tres veces más nutrido, y Salvador García Llanos tuvo que pelearse con los periodistas para que dejaran de asaetar al presidente a preguntas. Ayer, la rueda de prensa se extinguió por sí sola, y Salvador García Llanos no tuvo siquiera que hacer el esfuerzo de rezar las oracioners que aprendió en su infancia, para que no surgiera alguna pregunta sobre Floreal y el dije diego del PSOE. Ni un periodista preguntó al presidente por el asunto.
A la espera de la la entrevista exclusiva que ayer noche ofreció telepasión, Saavedra está agotado. Informativamente agotado, es decir: en los últimos meses se ha prodigado en declaraciones a medios de comunicación nacionales, a la prensa local y hasta a los boletines del Insalud. Pocas son las novedades que puede ofrecer, poca es la expectativa que ha generado esta nueva comparecencia, que se ha querido hacer coincidir con la requetepublicitada entrevista televisiva.
Saavedra podía haber aprovechado la rueda de prensa de ayer para elevarse sobre lo concreto y hacer el discurso político que se espera de él. Un discurso sobre el proyecto de su Gobierno para esta región en crisis que Saavedra dice que no está tan en crisis. Un discurso sobre qué Canarias estamos haciendo, hacía dónde vamos y qué queremos. Pero ese es un discurso imposible hoy en los labios de Saavedra, más que a él mismo, pueda pesarle. Y es que su Gobierno carece de proyecto. De hecho, el Gobierno que soporta el ‘Pacto de Hormigón’ entre las AIC y el PSOE se basa en un acuerdo para neutralizar dos proyectos políticos divergentes y hasta cierto punto antagónicos, el proyecto de construcción regional que el PSOE definió a trancas y barrancas en la primera legislatura, y el proyecto neonacionalista de las AIC.
El Gobierno saavedrino es un Gobierno de gestión, pura y simplemente. Un Gobierno de compromisos que no puede permitirse la alegría de un mensaje de futuro a la región, porque cada una de las patas que lo sostiene cree en futuros distintos. Nació este Gobierno con vocación de estabilidad y voluntad de permanencia en la gestión, y con un canto habrá que darse en la frente si gestiona bien esta época de vacas flacas. A Saavedra puede agradecérsele que se arriesgue de decir lo que piensa sobre Marruecos, y se sorprendería de cúanta gente opina con él que no podemos vivir de espaldas a nuestra geografía. Pero no pueden pedirse peras al olmo, ni puede pedirse hoy a Saavedra que ilusione a esta región como logró hacerlo en sus mejores años. El tiempo pasa…