a babor

Si las cosas se hacen a medias, siempre cabe la posibilidad de que salgan mal. Y eso ha ocurrido con las candidaturas del PSOE tinerfeño. La certeza de ver a Emilio Fresco nombrado gobernador, permitió hacer una plancha en la que todos esperaban -a partir del tercer puesto que ocupa el propio Fresco- ascender un grado en el escalafón hacia el escaño.

Augusto Brito, posiblemente el mejor diputado con que ha contado desde su constitución el Parlamento de Canarias, se vió forzado a aceptar un quinto lugar de la lista, del que habría de pasar a un cuarto ‘seguro’ cuando el ‘gobernador’ Fresco dejara hueco libre. La componenda se trastocó con el nombramiento sorpresa de Angel Delgado. Aún así, el PSOE cuenta con cinco diputados seguros en Tenerife, y de mantenerse la lista tal y cual está, Brito será con toda probabilidad uno de los que resulten elegidos.

Pero ocurre que el PSOE no es un partido corriente: lo demostró durante el cierre de las candidaturas, cuando Madrid recordó la obligatoriedad de hacer figurar a una mujer en los puestos ‘garantizados’, para cumplir con la regla del 25 por ciento. En otro partido cualquiera, ninguna fórmula de discriminación positiva pretendidamente feminista, habría dejado fuera de juego a un parlamentario como Brito, responsable directo de la elaboración y defensa parlamentaria de las principales leyes que hoy rigen esta Comunidad. En otro partido cualquiera, la historieta del 25 por ciento sería olvidada, o se recurriría a alguna ligera trampita, con tal de garantizar la permanencia de un animal político de la talla de este pequeño diputado de origen majorero.

Pero el PSOE no es un partido más: las normas son las normas, y el veinticinco por ciento de las narices es una norma tan sólida como cualquier otra. El PSOE puede verse obligado a optar en los próximos días por bajar a Brito a un sexto puesto en el que sus posibilidades son más bien escasas, para ‘colocar’ en el quinto a una brillante profesora, Teresa Noreña, cuya función es la de ‘reconciliar’ al PSOE con la comunidad universitaria lagunera.

Tendría su sorna ver a Brito, que defendió internamente con uñas y dientes una respuesta ‘distinta’ para la crisis universitaria, y apoyó luego con disciplina la posición ‘grancanaria’, recompensado ahora en su lealtad quedando fuera.