a babor

Lo más importante del acuerdo no eran, desde luego, los ocho folios malamente mecanografiados recogiendo las enmiendas a los Presupuestos Generales del 91. Esos ocho folios que los reestrenados socios se comprometen a aceptar una vez rechazadas las enmiendas a la totalidad del Proyecto del Gobierno. Lo más importante no eran tampoco los escasos ‘aspectos puntuales’ que se revisaron en los proyectos legislativos pendientes. Ni el tímido foliete redactado a toda prisa por el PP, que el senador Macías repartió al final del acto protocolar de la firma del minipacto, entre plumíferos y conserjes de la casa, para que el planeta todo se entere de los objetivos logrados por él y los suyos en este último lance.

Y si ni una ni otra cosa eran lo realmente importante… ¿dónde estaba lo importante entonces?

¿Quizá en el anexo sobre ‘cuestiones presupuestarias’ que no llegó hasta la fotocopiadora ni a la prensa, pero cuya mención los redactores del acuerdo se olvidaron de borrar del acuerdo mismo, inaugurando la duda? ¿Puede que en la desaparición de las exigencias ‘populares’ sobre el bloqueo a la Reforma del Estatuto y la declaración pública de sus socios sobre el protagonismo del PP en la contención del gasto? ¿O a lo mejor en la sorprendente presencia en la rueda de prensa de todos los miembros del grupo parlamentario conservador menos el yacente disidente Guimerá?

Pues no. Lo importante era más bien la noticia que había llegado cabalgando casi desde primeras horas de la mañana en las ondas de la radio, asegurando que las fuerzas del centro y la derecha habían logrado ponerse por fin de acuerdo, precisamente en el día límite fijado por los populares. Precisamente el día después de filtrarse las Bases Económicas del REF. Tras -sólo- cuatro justos meses de tirarse los trastos a la cabeza, podías verlos allí sentados, Olarte en el centro, inflado como una gallina clueca rodeada de sus polluelos, a su derecha el polluelo pródigo Paco Pepe Manrique, y a los lados los presidentes de los tres partidos: Fonfín Chacón, presidente de las AIC hasta que aterrice Dimas y le quite el puesto, Jesús Morales (a. ‘balsa de aceite’) y su ‘seguro servidor’ José Macías. Firmando la papela del minipacto y mirándose unos a otros con cara de absoluta felicidad, como si aquí no hubiera pasado nada y nadie hubiera roto nunca un plato. Como si ayer mismo, o antesdeayer, el portavoz parlamentario del PP no hubiera destapado la caja de los truenos pidiendo al alimón con Juan Alberto Martín la dimisión del Gobierno o la retirada de los Presupuestos…

Es cierto que en Canarias las cosas de la política mantienen un ritmo salvaje, pero la ‘fumata blanca’ de ayer, no por esperada e inevitable deja de resultar pasmosa. Algo debe estár enfermo -quizá enfermo de aburrimiento- en un sistema que permite que quienes ponen a un Gobierno al pairo durante un trimestre, firmen el acta de paz el día noventayuno con cara de no haber dicho jamás esta boca es mía.

Habemus pacto, en fin. Nada cambia.