a babor

Anda Soriano acurrrucado en el desdén, deshojando la margarita de lo que hará después de que este próximo sábado se presente como candidato a la reelección en la presidencia insular del PP tinerfeño, no aceptando la ‘recomendación’ del partido al que debe su escaño cortesano. Anda Soriano meditabundo y cabizbajo consciente de que sin la operación le sale mal, le exililan de cualquier cargo interno y en las próximas elecciones no va ni de ‘majorette’ para animar la camapaña. Sí-no-sí-no-sí-no-sí-no: las hojas van cayendo y Soriano no sabe/no contesta y masculla que hacer. De momento guarda silencio y calla las tracas que guarda.

Es el suyo, en cualquier caso, uno de los silencios más ruidosos de los últimos meses. Parece como si el ex conspirador preautonómico que fue capaz de convertir a Saavedra en su vicepresidente en la época de Las Cañadas jugara ahora a tirar la piedra y esconder la mano. Y es que ocurre que mientras sus secuaces de los comités locales no paran de hablar y de amenazar a la dirección nacional con dejar al PP tinerfeño con el trasero al descubierto, Soriano se encomienda a los espíritus del bosque y pide con la boca chica calma y mesura a los mismos que por detrás empuja resueltamente a la guerra de guerrillas.

Soriano se presenta de esta forma como hombre disciplinado con su partido, y al mismo tiempo como un líder reclamado por sus bases, mientras va creando un apropiado de confusión con los rumores que otros en su nombre propalan. Rumores sobre la ruptura del PP en Tenerife y sobre la creación de una Unidad Tinerfeña que siga el modelo del último experimento electoral de la derecha alavesa, con el temido Daroca de cabeza visible. (Recuerda que a Soriano, además de otras cosas, se le debe el intento de rescatar para el PP nada menos que a Daroca y Fernando Fernández).

El mensaje de Soriano es múltiple: amenaza a Aznar sin dejar de ser un santo varón y un buen vasallo- con montarle una nueva descomposición a la carta del partido conservador, precisamente en la única de las siete islas donde el PP tenía notables esperanzas de crecimiento; advierte a través de las decalraciones filtradas por los suyos a su adversario Ignacio González con ‘deslegitimar’ desde el primer día su posible -que no decidida- elección como líder insular de los conservadores, elección que se vería acompañada de deserciones en masa; y sigue poniendo cara de bueno para la foto, mientras algunos de sus mandados lanzan bulos indemostrables.

El que avisa no es traidor: Soriano ha movido a sus leales seguidores para que adviertan a la dirección nacional conservadora que esto (esto es lo que ocurrirá depués del Congreso insular del sábado si Soriano pierde) puede ser Troya: «o Soriano o el caos», dicen.

Y Madrid, prudentemente, ha elegido el caos.