Retrato de Roma, de Oscar Dominguez

No se trata de plagiar a Indro Montanelli: lo de hoy tiene que ver con las sorprendentes vicisitudes del ‘Retrato de Roma’, una de las obras más emblemáticas de Oscar Domínguez, pintada en 1933 y actualmente expuesta en el Reina Sofia. La obra, fue ofrecida por su propietaria al Cabildo de Tenerife en el año 2004, por 250.000 euros.

El Cabildo consideró que se trataba de un precio demasiado alto, y ofreció 120.000, lo que indignó mucho a la dueña. Las negociaciones para adquirir la obra se mantuvieron abiertas durante más de un año, el Cabildo subió hasta 180.000 euros, y finalmente aceptó la última oferta de la vendedora, consistente en una rebaja de su oferta inicial de algo más del diez por ciento, y en el pago fraccionado de esa cantidad. Museos tardó tanto en cursar la aceptación de la oferta, que cuando lo hizo los precios se habían disparado como consecuencia de la fiebre desatada por todo lo que tuviera que ver con Oscar Domínguez, coincidiendo con los actos y exposiciones de su centenario, y la dueña se negó a vender. La cosa es que –apenas pasados dos años desde que se hizo la primera oferta de 120.000 euros, el Cabildo volvió a por el ‘retrato de Roma’, decidido a quedarse con él a toda costa, para incorporarlo a los colecciones del ‘Oscar Domínguez’, que entonces recibía el TEA. Al margen del marchante, ofrecieron nada menos que 600.000 euros, una cantidad cinco veces superior a la que sólo dos años antes se había considerado razonable para evitar la sobrevaloración del resto de la obra de Domínguez en subastas y compras internacionales.

El 27 de noviembre de 2006, la propietaria aceptó las condiciones ofrecidas en un documento fechado en el registro insular, pero nunca llegó a firmar el contrato de compra venta, iniciándose un proceso judicial que está visto para sentencia desde diciembre del pasado año.

¿Qué había ocurrido? Por algún motivo desconocido –o por 120.000 motivos-, la dueña prefirió desprenderse del cuadro en 2007, vendiéndoselo en 720.000 euros a Miguel Cabrera Pérez-Camacho, portavoz del PP en el Parlamento de Canarias, muy conocido gracias a un ripio de mal gusto dedicado a Paquita Luengo en un pleno. Cabrera Pérez-Camacho, ex inspector de Hacienda y abogados de gran éxito de Tenerife –entre sus casos más conocidos, la multimillonaria demanda contra el Parlamento de Canarias por la expropiación de los edificios colindantes- es también uno de los mayores coleccionistas privados de arte de la isla. Compró el cuadro para colgarlo en el palacete que adquirió para su actual domicilio, en la vieja zona de los hoteles de Santa Cruz.

El cuadro está ahora en el Reina Sofía, y luego irá a Bilbao. A la espera de sentencia, la pregunta es si volverá al salón de Cabrera Pérez-Camacho o acabará en los sótanos del TEA. Si esto fuera Gran Bretaña, ya habría apuestas.