a babor

La gran cumbre tornose mesetaria colina: mucho rollo preparatorio, mucho burócrata a la Corte, mucho paseo por los ministerios y mucha gaita en vinagre, y resulta que lo importante ha sido que Borrell y González se han repartido en comandita las responsabilidades sobre los tipos del IGIC, que era la madre del cordero, y que en lo de la CE todo queda pendiente de que Madrid defienda nuestros singulares intereses ante la Comisión y se convierta en valedora de las aspiraciones presuntamente regionales.

En los últimos días, al menos dos de los consejeros que ayer se refugiaban a la sombra protectora de Pedro Solbes, han venido respaldando que fuera Madrid quien presentara su propio documento a Bruselas. Preparaban posiblemente Luis Hernández y Antonio Castro el ruego beatífico en que se ha convertido al final una de las mayores acometidas de la Autonomía en esta etapa de peines depreciados. Con ellos, el propio Olarte daba muestras de su confianza al mostrarse seguro del empuje y la capacidad de los negociadores españoles, en una entente cuyo principal argumento -el documento que presentarán Solbes & Cía- no es público ni se sabe muy bien en que ha de consistir, aunque se espera que este más cerca de las posiciones canarias que de las del Grupo Interservicios.

Sólo queda encomendarse a los ángeles y los arcángeles de la Administración hispana y esperar que resuelvan en el cielo europeo nuestras cuitas, mientras en esta tierra de cumbres sin pico, Borrell y Gónzalez se ponen de acuerdo en volver a ‘constitucionalizar’ los tipos del IGIC, como si el problema fuera su constitucionalidad y no el IGIC en sí mismo. Canarias se queda con la capacidad de hacer su ley de tipos, dentro de la banda que decidan las Cortes, y con la firma de Solchaga en las bases microfilmada para la historia. Madrid lo publicará en el BOE y desescombra las pegas sobre el Fondo de compensación.

Lo demás son pamplinas. Borrell gana siempre: usted que se rompe el alma estos días con la declaración de la Renta, lo sabe muy bien. El puede llegar un viernes cualquiera a Tenerife, darse un paseito privado por el Teide con su amigo Carracedo y el lunes estará más fresco que una lechuga para seguir dandonos con el IGIC en la cabeza y haciéndonos pasar por ventanilla en dos cómodos plazos.

Recuerde: el primero vence el día 20 de junio, y si se retrasa pagará multa, intereses y recargo. Lo mismo, lo mismo, que en esta negociación a saltos.