El concejal Ubaldo Becerra, detenido por la Guardia Civil

En 1999 publiqué en esta misma tira una broma literaria, un ‘scherzo’ sobre el futuro de Dimas Martín, que se enfrentaba en aquel momento a una condena por alguno de sus asuntillos pendientes con la ley, y a la posibilidad de diez años de prisión, según creo recordar… En el artículo, titulado ‘El regreso’, un Dimas diez años más viejo, se preparaba para abandonar la cárcel y volver a las andadas, repasando en voz alta la lista de empresarios a los que extorsionar.

Ni la imaginación más desbocada podía imaginar que diez años de los de verdad después –con Dimas aún en prisión por algún asuntillo pendiente más- los negocios de la familia seguían siendo puntualmente dirigidos desde la celda de Tahiche. ¿Qué negocios? La ‘Operación Unión’ brillantemente ejecutada por la Guardia Civil con la detención infraganti de uno de los intermediarios de Dimas, Matías Curbelo, con cien mil euros en metálico recibidos de un empresario, apunta a una gigantesca trama para exprimir lo que de de sí el Avance del Plan General de Arrecife, el pastel con el que el PSOE recompensó a Dimas por el pacto PSC-PIL en la capital conejera. Porque ya había un Plan General a punto de caramelo en Arrecife, pactado en su día entre los socialistas y los escindidos del PIL refugiados en Coalición Canaria, y que fue directamente tirado a la basura como condición para que Dimas y los suyos aceptaran que el PSOE gobernara la isla.

¿Y qué clase de gobierno ha sido ese? Pues uno condicionado a los intereses, las necesidades y los chanchullos de Dimas. Que un antiguo secretario insular del PSOE -valedor a muerte de los acuerdos con el PIL– haya sido también pillado con las manos en la masa, demuestra hasta qué punto el monopolio de la golfería no es sólo de Dimas. La corrupción forma parte del paisaje político de Lanzarote, como el volcán de su orografía. El trasiego de bolsas de deporte, maletines y sobres entre políticos y empresarios es ya un deporte que se practica a plena luz y sin mucho disimulo en la isla. No todos los dirigentes conejeros participan directamente de este repugnante aprovechamiento, pero casi todos lo toleran, porque la tolerancia con el trapiche de licencias y el cobro de comisiones, se ha convertido en una clave para poder acceder al poder. Un poder que en Lanzarote, una isla políticamente muy fragmentada, depende casi siempre de alianzas con el PIL.

Dimas es consciente de eso. Hace unas semanas pidió a su partido que virara el acuerdo con el PSOE hacia Coalición Canaria. Ahora, con dos concejales de Dimas y la hija de Dimas detenidos, Enrique Pérez Parrilla ha decidido por fin cortar con el PIL. Se arriesga a perder la alcaldía, pero –si toca hacerlo- más vale irse para casa con algo de decencia que seguir mirando para otro lado, mientras Dimas sigue diez años más pudriendo la conciencia de la isla.