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Ignacio González en la visita al Albergue Municipal de Santa Cruz
Para todo en esta vida hay que tener ojo. Desde que uno se escantilla un fisco, se le escapa lo que está pasando delante de sus narices. La pobre Ángela Mena, sin ir más lejos, no ha debido de asistir a una escuela de detectives muy buena, porque se ha tirado casi dos años de concejala de Asuntos Sociales sin percatarse de que tenía el municipio en emergencia. En cambio Ignacio González, oye, ése sí que es un hacha. Para él llegar al cargo, acercarse al albergue, probar el rancho y sentenciar, fue todo uno. «Miguel, aquí hay que hacer algo», anunció, «la situación de este municipio es crítica y el deber nos llama».

De todas formas, lo cierto es que a los concejales de CC en Santa Cruz no se les ve muy sagaces. Ahí tenemos a Manuel Parejo, por ejemplo. Llevaba el hombre más de quince años sentadito en la Gerencia, sin que se le notase que no se estaba enterando de nada. Pero ahí está. Diciendo que él es psiquiatra y que, claro, no entiende de derecho urbanístico ni administrativo. Lógicamente, el pobre, es esas condiciones, ¿qué coño iba a saber si el mamotreto estaba mal hecho o no? Si se hubiera tratado de averiguar algo sobre el trastrono bipolar de los pescadores, la criatura todavía huibiera podido hacer algo. Pero ¿discernir cuestiones urbanísticas? ¡Él! Si mal apenas era el concejal del área… Habráse visto. Así que ya saben, aquello de «la experiencia es la madre de la ciencia» es mentira cochina. Pasarte media vida haciendo una cosa y no aprender nada al respecto es posible. Parejo es la prueba viva. Y de lo que nos quedará por enterarnos.