Los personajes de Dirección General

La historia de una Dirección General
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Corría el año 1999 cuando Ducha y Burgazzoli entraron por primera vez juntos en mi despacho. Yo andaba aún preparando la salida de La Opinión de Tenerife, y mi tiempo se crecía y llenaba con todo tipo de gentes a las que intentaba apuntar al sueño colectivo de una nueva cabecera de prensa diaria. Ducha y Burgazzoli llegaron en tándem, como los gemelos siameses, con dos cabezas pero un único cuerpo. Ese cuerpo común era la propuesta para una tira. ¿Una tira política, donde se trataran los temas de actualidad de las islas? Eso hasta la fecha no se había visto nunca en Canarias; como mucho algún que otro chiste político con mayor o menor enjundia, pero lo de afrontar día a día la actualidad de las islas, y hacerlo desde el humorismo gráfico y cotidiano, parecía más tarea de la que aquélla pareja declaradamente siamesa parecía capaz. Al conocimiento de la realidad de Canarias de Ducha, se unía el dibujo limpio y la capacidad cari-caturesca de Burgazzoli. Juntos formaban un equipo capaz de sacarle punta a los romos entresijos de la actualidad. La propuesta se fue afinando en interminables conversaciones en mi despacho, en los días que precedieron la salida del periódico. No sé de quién fue la idea de centrar la historia en el día a día del trabajo de una dirección general del Gobierno de Canarias: Ducha recuerda, probablemente con más generosidad de la que se estila en estos menesteres, que la cosa se me ocurrió a mí. Puede que sea cierto: siempre he tenido una personal percepción de la política como teatro y de la función pública como escapismo: situar la escena en una Dirección General permitía que al seguimiento de las cosas de la política se pudiera añadir la crítica a las actitudes y comportamientos del funcionariado (un sector que Ducha conoce bien, ha intentado formar parte de él con escasos resultados).

También nos servía la Dirección General como lugar perfecto para incluir en las tiras todos los tópicos que dan de sí las muy complejas relaciones entre el poder conventual del Gobierno regional y las castas laborales que lo sirven. En los primeros años de la serie, a cargo en exclusiva de Ducha y Burgazzoli, con algunas ideas mías, el Dire y las demás, pasearon su humor despendolado y un tanto irreverente por las oficinas de la Administración regional con tiras memorables donde salieron a relucir sus diferentes afiliaciones políticas.

El Dire, demostró ser un trepa de cuidado, dispuesto a apuntarse a cualquier bombardeo por subir algún punto en la escala de valores de los que mandan (como todo buen aspirante), y las chicas funcionarias llevaron bastante bien entre ellas eso de ser cada una del partido de su padre y de su madre. En las tiras pasó de todo: pasaron retratados con más afecto y con menos personajes desde el inevitable José María Aznar (casi siempre muy enfadado y regañón, o sea como en la vida misma) hasta su clon canario, José Manuel Soria, Guillermo Guigou, el alcalde Zerolo, Adán Martín, Julio Bonis o Román Rodríguez. Cambiaron las tornas y cambiaron los personajes: apareció Zapatero, y enfrente su compadre Rajoy, se fue Adán y llegó Paulino…

Ducha y Burgazzoli se las apañaron para no fallar ni un solo día, de lunes a sábado y así siguieron durante cinco años hasta que Roberto Burgazzoli tuvo que desplazarse a Gran Canaria por necesidades del guión de su vida. Pensamos que la tira moriría, pero no fue así. Burga se fue, y con él se llevó a uno de nuestros personajes favoritos, la secretaria Menchu, que protagonizó durante algo más de un año un ‘spin off’ en las páginas de La Provincia.

Fue una pérdida muy sentida, casi más que la de su autor: Menchu se había convertido por méritos propios y por ese cuerpo sandunguero y desinhibido que Burga le dibujó, en el personaje más querido y admirado de los lectores del periódico, especialmente de los lectores masculinos. Y digo yo que algo tendría que ver en ello el que Menchu paseara sus microscópicos modelos de bañador por las playas del verano tinerfeño. Para muestra de las pasiones desatadas por Menchu, un solitario botón: el día de los inocentes decidimos hacerle una entrevista a Menchu en ‘El perfil’, la sección de la última página de La Opinión de Tenerife. En vez de la foto que suele acompañar al personaje entrevistado, pintamos a Menchu sobre el fondo fotografiado de una Dirección General auténtica y la chica nos contó algunas interioridades, como por ejemplo- que una vez un consejero había intentado pasarse con ella (e incluso lo había logrado). Aunque parezca increíble, nos llegaron una docena larga de cartas poniendo al consejero a caer de un burro, porque muchos lectores -y más lectoras- creyeron que la cosa iba en serio.

Menchu en su oficina

Hubo que explicar que se trataba de una falsa entrevista, y nunca más volvimos a hacer un solo chiste el día de los Santos Inocentes. Por si las moscas. Con la partida de Burgazzoli se incorporó al dibujo de Dirección General Ángel Marrero, uno de los mejores dibujantes del estudio Comics Canarios Incorporados –Cocainc, S.L.-, la intrépida empresa creada por Ducha. Ángel había realizado fondos y grises para la tira y se conocía a la perfección el estilo: durante un par de meses intentó emular la línea suelta y volátil de Burga, pero acabó por instalarse en su propio estilo, más caricaturesco y salvaje.

La evolución gráfica de los personajes fue un regalo para los seguidores de Dirección General, así como la aparición de la nueva secretaria del Dire, Lita. Una majorera bastante clónica de Menchu. Está claro que al trepa del Dire es un caballero: las prefiere rubias… Ducha y Marrero siguieron con la tira hasta mediados de febrero de este 2009, manteniendo al Director y su panda de funcionarias, subalternos y asimilados en el emblema íntimo y secreto del periódico: cuando La Opinión superó los cien primeras días de vida, se regaló a los redactores con una camiseta de las chicas derrengadas de tanto trabajar. Cuando la OJD certificó los primeros éxitos en la difusión del periódico, el director y las chicas brindaron la noticia desde las últimas páginas del periódico. Y cuando llegó el año siguiente, los redactores se encontraron sobre sus mesas con un calendario de la Dirección General. Fue tanto el éxito del director y su tropa que en los primeros tiempos se hacían cábalas sobre la identidad del personaje.

Un tipo que, por si no se han dado cuenta, ni siquiera tiene nombre. Curiosamente, muchos funcionarios sospechaban y siguen sospechando que este director es el suyo. Hasta físicamente, según me han dicho, se parece a casi todos los directores generales que son o han sido. Naturalmente, podría ser cualquiera. De hecho, quizá lo sea… Ahora, las historias de la Dirección General pasan a este blog, con nuevas aventuras, los personajes de siempre y nuevos personajes. Espero que ustedes disfruten con ellas, tanto como Ducha, Marrero y yo mismo disfrutamos pensándolas y haciéndolas…